Sobrevivientes del ataque a la parroquia Jesús de la Divina Misericordia confían en que algún día se hará justicia

* Este 13 de julio se cumplen dos años del ataque armado, por parte de paramilitares del régimen Ortega-Murillo, en contra de los jóvenes manifestantes de la rebelión de abril. Los familiares de los dos jóvenes asesinados aún exigen justicia, mientras sobrevivientes piden liberación de manifestantes detenidos y denuncian asedio policial.

Eva Inestroza / IP Nicaragua

Hace dos años, en Managua, uno de los últimos bastiones de resistencia de la rebelión estudiantil de abril de 2018 fue reprimido y atacado a balazos por parapolicías. Los manifestantes antigubernamentales, que habían permanecido atrincherados por más de dos meses en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), se refugiaron en la parroquia Jesús de la Divina Misericordia. Esta iglesia les salvó la vida a más de 200 jóvenes.

En la pared frontal de la parroquia, ubicada al sur de Managua, así como en la imagen de Jesús de la Misericordia, aún se evidencian los orificios de balas, de los distintos calibres, de aquel ataque que duró más de 13 horas contra el templo. Los civiles armados, o sea los paramilitares, intentaban sacar a los jóvenes manifestantes que se refugiaron allí, desde la noche del viernes 13 de julio de 2018, hasta la mañana del sábado 14.

Una de las balas que impactó sobre la pared de la iglesia. Foto: Redes Sociales.

Dos años después, el líder estudiantil Jonathan Francisco López, uno de los que estuvo atrincherado en la UNAN-Managua, lamenta que después de todo el esfuerzo, lo sufrido y las muertes de dos de sus compañeros de lucha, que dejó ese ataque, no se hayan cumplido las exigencias del sector estudiantil, sin embargo, confía en que algún día se obtendrá justicia.

“Durante estos dos años se ha satanizado el ser estudiante y el estar en contra del Gobierno, sobre todo, vemos que nuestras exigencias de que se quitara a la Ramona Rodríguez (rectora de la Unan-Managua) y a las autoridades corruptas, que forman parte del sistema del Frente Sandinista, no se lograron, no hemos obtenido el resultado esperado”, expresó López.

No obstante, el universitario considera que esto lo ha hecho mantenerse en la lucha, por lo que cree necesario que los jóvenes de distintos sectores se fortalezcan como oposición.

Algunos de los jóvenes sobrevivientes al ataque. Foto: Orlando Valenzuela / IP Nicaragua.

López, además es exreo político. Estuvo detenido por más de seis meses en el Sistema Penitenciario de Tipitapa, o «La Modelo». Fue capturado la mañana del 23 de septiembre de 2018 en un supermercado del barrio Waspan Sur, de Managua, y condenado a cinco años y nueve meses de prisión. Sin embargo, fue excarcelado el 20 de mayo de 2019, como parte de los acuerdos del segundo Diálogo Nacional.

Sin justicia y con asedio permanente

Dos jóvenes sobrevivientes de ese ataque a la parroquia Divina Misericordia (Kevin Solís y John Cerna) actualmente se encuentran nuevamente detenidos, según López, quien también es delegado del Movimiento Estudiantil por la Democracia, de la Unidad Nacional Azul y Blanco.

“Han sido dos años donde no hemos obtenido justicia, de hecho, muchos hemos seguido sufriendo atropellos por parte del Gobierno, prueba de eso es que Kevin y John, hoy día se encuentran secuestrados por el Gobierno, siendo torturados psicológica y físicamente», comentó.

También reveló, que Solís fue trasladado de la galería cinco a la trescientos, que son celdas de máxima seguridad, cárceles en las que estuvieron detenidos opositores como Medardo Mairena, Edwin Carcache y Yubrank Suazo.

La abogada de Kevin Solís, Aura Alarcón, confirmó a IP Nicaragua que el joven se encuentra incomunicado y que fue trasladado a la cárcel de máxima seguridad en La Modelo. Y que por haber denunciado que Solís se encontraba aislado, sin derecho a llamada, sin salir al patio a tomar el sol, se le quitó el carnet para hacer visita.

“Las visitas son una vez al mes, yo era la única persona que lo visitaba y le llevaba paquetería, pero el martes de la semana pasada me quitaron el carnet y me dijeron que ya no podía entrar más, sabiendo que él no cuenta con el recurso familiar», dijo la abogada, por lo que desconoce su estado de salud y emocional.

Dos jóvenes sobrevivientes de ese ataque a la parroquia Divina Misericordia actualmente se encuentran nuevamente detenidos. Foto: Orlando Valenzuela / IP Nicaragua.

«La última vez que lo vi estaba deprimido», añadió la abogada defensora.

En el 2018, Kevin Solís, cursaba el segundo año de la carrera de Derecho en la Universidad Católica (Unica), y permaneció atrincherado en la UNAN-Managua por más de dos meses. Posteriormente fue capturado el 23 de septiembre del mismo año en una casa de seguridad en Managua. Fue condenado a cinco años de prisión y excarcelado el 5 de abril de 2019.

El 6 de febrero de 2020 fue recapturado mientras participaba en una protesta realizada en la Universidad Centroamericana (UCA). De acuerdo con su abogada, Solís fue condenado nuevamente a cuatro años y seis meses de prisión por un supuesto robo agravado en contra de un simpatizante sandinista.

López también denunció el asedio constante al que es sometido por parte de policías, quienes llegan a instalarse frente a su casa en camionetas y motocicletas.

«En el día llegan hasta cinco camionetas y diez motos, lo que para mí es totalmente una locura, porque solo soy yo, como que yo tuviera la capacidad de hacerle daño a tantas personas, de hecho, no le hago daño a nadie y, asimismo, de la misma manera están sufriendo muchas personas», denunció.

El opositor dijo que por ese mismo asedio actualmente hay «más de cien mil exiliados, entre ellos chavalos que estuvieron en las tomas universitarias, del ámbito de la lucha estudiantil».

Toma del recinto y ataque contra manifestantes atrincherados

El 7 de mayo de 2018, un grupo de estudiantes se tomaron el recinto universitario Rubén Darío, de la UNAN-Managua, en demanda de la destitución de los directivos de la Unión Nacional de Estudiantes (UNEN), a quienes también exigían entregar cuentas de los fondos que recibían del Estado, así como la restructuración del Consejo Universitario y expresando su respaldo a las protestas ciudadanas.

Cuando murieron los primeros jóvenes en las protestas ciudadanas, a consecuencia de la represión gubernamental, el sector estudiantil empezó a demandar justicia, democracia y la salida del presidente Daniel Ortega Saavedra.

El viernes 13 de julio de 2018, mientras los estudiantes controlaban las barricadas alrededor de la universidad, fueron atacados a balazos por hombres armados abordo de camionetas y motocicletas.

Los sobrevivientes al ataque refieren que sus armas para defenderse eran morteros artesanales, piedras y bombas molotov. Por lo que fueron fácilmente replegados por los civiles armados, perdiendo una a una las barricadas que habían creado.

Como resultado de los disparos, al menos 15 jóvenes resultaron heridos de gravedad. Cuentan, que en medio de las detonaciones tuvieron que abandonar la universidad. Eran aproximadamente las 4:00 de la tarde, y algunos se ocultaron en casas vecinas, otros pidieron ayuda a sus familiares y amigos, quienes llegaron a rescatarlos en vehículos. Mientras, que otro grupo quedó refugiado frente al parque de la Divina Misericordia, donde fueron rescatados por el padre Raúl Zamora, párroco de la iglesia Divina Misericordia.

Una de las balas que impactó en la iglesia. Foto: Orlando Valenzuela / IP Nicaragua.

Finalmente, el recinto universitario fue tomado por paramilitares, quienes disparaban contra el templo. Una parte de los refugiados permaneció en la casa cural, junto al padre Zamora. Ese mismo lugar sirvió como centro médico para curar a los heridos.

Más tarde, los disparos contra el templo procedían de distintos lugares. Para entonces, circularon en las redes sociales vídeos de los jóvenes atrincherados, quienes en medio de los disparos se escondían debajo de las bancas, llorando y llamando a sus familiares para despedirse, pensando que ese día morirían.

Recordar y revivir todos esos acontecimientos traen a Jonathan sentimientos de dolor y sufrimiento. Sobre todo, resiente que «el Gobierno no ha querido ceder y aceptar los crímenes que ha cometido”.

“Porque ellos (Daniel Ortega y Rosario Murillo) van a seguir con su discurso, diciendo que nosotros (los estudiantes) fuimos los que desestabilizamos el país, los que quisimos dar un golpe de Estado o arruinar la economía y todo el discurso vacío que el Gobierno sigue dando ante la comunidad nacional e internacional por no asumir su responsabilidad», manifestó López.

Familiares de fallecidos siguen exigiendo justicia

Esa noche, los jóvenes pasaron bajo un fuerte ataque. Al amanecer del sábado 14, dos estudiantes habían muerto como resultado de la brutal agresión armada contra el templo. El primero en fallecer fue Gerald Vásquez López, «el Chino», como le decían sus compañeros. Tenía 20 años y era estudiante de la UNAN-Managua. Vásquez murió dentro de la parroquia.

Susana López, madre del Gerald Vásquez, conocido también, como el bailarín de las protestas, reveló que han sido dos años terribles, y que para superar el dolor ha puesto su confianza en Dios, además de los tratamientos psicológicos que ha recibido tras la muerte de su hijo.

Además, indicó que no pierde la esperanza de obtener justicia.

«El pueblo de Nicaragua ha sufrido las consecuencias totalmente, más ahora con el mal manejo de la pandemia. La esperanza es lo último que se pierde, nuestras lágrimas van a ser recompensadas. La muerte de nuestros familiares no va a quedar impune. Ellos (el Gobierno) se metieron con la juventud equivocada», expresó Susana.

El segundo en fallecer fue Francisco Flores, «el Oso», de 21 años, estudiante de secundaria, quien se sumó a las protestas en esa universidad.

Flores murió desangrado en una de las barricadas. Su cuerpo fue visto hasta el amanecer.

Entierro del joven Gerald Vásquez. Foto: El Nuevo Diario.

Tras las muertes de sus dos compañeros de lucha, López relata que ha sentido empatía, así como tristeza, al ver llorar y sufrir a las madres y familiares que perdieron a sus seres queridos durante las protestas antigubernamentales.

«Yo me he vuelto muy cercano a doña Susana. Para estas fechas hemos hablado más. Es un momento duro para ella, recordar que le asesinaron a su hijo y que los asesinos siguen libres es algo difícil de aceptar», expresó.

López también lamentó que, por represalias de las autoridades universitarias, a Karla Vanessa González, prima de Flores, la hayan expulsado de la UNAN-Managua.

«Tengo sentimientos de enojo al ver que la universidad ha estado totalmente sitiada por el sistema administrativo de ellos mismos, expulsaron a la prima de Francisco, sin ella haber estado atrincherada, solo por pedir justicia por el asesinato de su primo».

Susana indicó que desde la Asociación de Madres de Abril (AMA), de la que forma parte del consejo directivo, siguen trabajando para conseguir justicia y continúan denunciando y presionando ante la comunidad internacional las violaciones de derechos humanos y asesinatos cometidos en el país.

«Lo que estos chavalos vivieron fue lo más espantoso, esto te marca la vida, una masacre donde pudieron haber muerto todos, pero Dios no lo permitió. Lamentablemente fueron dos jóvenes, Francisco Flores y mi hijo. Los asesinaron por defender su patria, pero vamos a seguir exigiendo justicia», manifestó Susana.

Iglesia negoció salida de manifestantes con el Gobierno

Antes de las siete de la mañana, del sábado 14, luego de pasar el trago amargo por la muerte de sus dos compañeros, los jóvenes refugiados en la iglesia notaron que los disparos iban disminuyendo.

Los que estaban adentro del templo escucharon y los que estaban afuera observaron una camioneta que se acercaba a la parroquia. En ella iban el Cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, y el nuncio apostólico Walder Stanislaw Sommertag, quienes habían negociado la salida de todos los refugiados.

Posteriormente, arribaron los buses en que los que los jóvenes fueron trasladados a la Catedral de Managua, de donde la mayoría fueron trasladados a casas de seguridad.

 

Mamá de Gerald Vásquez. Foto: El Nuevo Diario.

Esa misma mañana, después del rescate de los manifestantes, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y la Organización de Estados Americanos (OEA), emitieron un comunicado de condena al ataque a la parroquia.

El sacerdote Erick Alvarado, que junto al padre Raúl Zamora salvó cientos de vida esa noche, dijo a El Nuevo Diario, que los agujeros dejado en el lienzo de la imagen de Jesús de la Misericordia y en las paredes de la parroquia «era un milagro», porque representaban las balas que pudieron recibir todos los que se encontraban en el templo.

«Así como Jesús lleva las marcas, así están esas marcas ahí. Son las marcas de todo lo que se ha sufrido en Nicaragua. Esperemos que cosas como esas no vuelvan a ocurrir», expresó el sacerdote, quien ahora se encuentra en Roma.

De acuerdo con López, todo lo que ha pasado en el país, lo impulsa a seguir luchando y a seguir buscando una verdadera democracia y libertad para los jóvenes nicaragüenses. «Dentro de mis pocas capacidades y limitaciones, yo intento y sigo luchando para alcanzar esas metas que en algún momento soñaron nuestros hermanos asesinados, que ellos estaban ahí con la intención de cambiar el país para que fuera mucho mejor, que tuvieran líderes o gobernantes que verdaderamente merecieran estar ahí y no con estos criminales que hoy en día tenemos como gobernantes», manifestó.

En conmemoración de los dos años que cumple el ataque contra la iglesia y en memoria a los dos jóvenes asesinados, Francisco Flores y Gerald Vásquez, por paramilitares, la mañana de este lunes, a las 7:30, se realizará una misa en la parroquia Divina Misericordia.

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