La relación entre la Iglesia católica y el gobierno de Nicaragua está en su peor momento: ¿cómo llegó ahí?

Las relaciones del gobierno nicaragüense con la Iglesia católica están en su peor momento, pero, ¿cuándo y cómo empezó la ruptura? ¿Qué le depara a la religión católica en este país centroamericano? Expertos brindan un análisis.

Cuando el presidente nicaragüense Daniel Ortega retornó al poder en el 2007 bajo el lema de «reconciliación» y «paz», las relaciones entre la Iglesia y el Estado buscaban «ser correctas» y diferentes a los años 80 cuando triunfó la Revolución Sandinista y hubo una confrontación entre ambos bloques, según expertos consultados por la Voz de América.

Sin embargo la relación entre Estado e iglesia en Nicaragua se fue tensando hasta dejar en 2023 uno de los peores años para la libertad religiosa del país, con decenas de sacerdotes y obispos forzados al exilio o encarcelados, celebraciones religiosas que fueron canceladas o prohibidas y la ruptura total con el Vaticano que incluyó la expulsión de su máximo representante.

En los años 80 la Iglesia católica jugó un rol importante durante el triunfo de la Revolución Sandinista, dice el sacerdote nacionalizado en Nicaragua Rafael Aragón Marina, quien llegó a Managua procedente de España en 1978. Aragón señala que sin la participación de los cristianos católicos no se hubiese logrado la Revolución Sandinista.

«Yo estuve en la Plaza de la Revolución el 20 de julio de 1979 cuando entraban los comandantes y ahí estuvimos muchos sacerdotes que nos incorporamos a acompañar, no a participar en el partido los sandinistas, sino acompañar el proceso organizativo del pueblo y los proyectos que iban a favor del pueblo», recuerda el religioso.

Pero asegura que la jerarquía católica rompió rápidamente con el gobierno sandinista de Daniel Ortega en 1980, un año después del triunfo de la Revolución por abusos de poder.

Retorno al poder en 2007

Ortega retornó al poder en 2007 luego de varios intentos. De acuerdo con el sacerdote y teólogo Aragón, el mandatario se dio cuenta que fue un error haberse confrontado con la Iglesia en los años 80 y quiso corregirlo.

«Las tensiones o enfrentarse al pueblo desde la religión, no les iba a favorecer a los sandinistas porque el pueblo es mayoritariamente cristiano y en esa mayoría cristiana, un número significativo católico. Entonces confrontarse con la Iglesia no resolvía el problema», dijo Aragón.

Las encuestas muestran que la Iglesia goza de gran credibilidad en Nicaragua. Un informe del Latinobarómetro 2021, reveló que un 65% de los nicaragüenses considera que la Iglesia Católica es la institución que genera mayor confianza en el país.

Ortega no podía ir contra eso y previo a llegar al poder en 2007, luego de dos fracasos electorales, cambió su vestimenta verde militar que lo caracterizaba por ropa blanca en símbolo de paz y se casó por la Iglesia católica con su pareja Rosario Murillo, con quien era casado civilmente desde 1978.

Ortega también buscó alianzas con la Iglesia católica y la logró con el entonces cardenal Miguel Obando y Bravo, otrora crítico al gobierno sandinista.

Israel González, un nicaragüense experto en temas religiosos, dijo a la VOA que Ortega buscó limar asperezas con gente a la que no trató bien o gente con la que tuvo confrontación. Miguel Obando y Bravo fue una de esas personas.

«Eso lo hace cualquier candidato, el señor Ortega lo que hizo fue acercarse a Miguel Obando y Bravo, que no era la Iglesia sino que era un arzobispo que estaba teniendo tensiones con el gobierno del expresidente Enrique Bolaños, el último gobierno de derecha del país».

González dice que a partir de entonces inició «una especie de simbiosis con esta especie de colaboración con el cardenal nicaragüense Miguel Obando y Bravo».

Ortega pidió disculpas «por los errores del pasado» y el cardenal Obando y Bravo presidió una misa por el 25 aniversario del de la revolución Sandinista» en 2004. Obando y Bravo aceptó «las disculpas» mientras celebraba una misa especial por la paz y la reconciliación.

Obando y Bravo tenía acusaciones de corrupción por parte de gobiernos liberales.

«Daniel Ortega le dice: ‘se acabó la acusación de corrupción, pero usted se pone de nuestra parte'». En ese entonces Ortega, aunque no había llegado al poder, tenía en la Corte Suprema de Justicia algunos magistrados, dijo el teólogo y sacerdote nacionalizado nicaragüense Rafael Aragón.

Aragón asegura que «ahí inició una alianza de la Iglesia oficial con Ortega».

ARCHIVO. Daniel Ortega acude a la Catedral de Managua. Foto: Cortesía Óscar Navarrete

Rompimiento progresivo

El cardenal Miguel Obando y Bravo pidió su renuncia al Vaticano en 2001 después de cumplir 75 años, que es el límite de edad para que un obispo se retire. El papa Juan Pablo II aceptó su dimisión en 2005 y nombró a Leopoldo Brenes como sucesor al frente del arzobispado nicaragüense.

Con el cardenal Brenes, que aún se mantiene en el cargo, las relaciones fueron «cordiales» por años.

Pero la situación se fue poniendo tensa y en el 2014 la Conferencia Episcopal pidió una reunión con el presidente Ortega en donde le presentaron undocumento llamado «En Búsqueda de nuevos horizontes para una Nicaragua mejor», una especie de radiografía del país donde le pedían a Ortega garantizar en las elecciones de 2016 un proceso electoral transparente y abierto,.

«Le alertaban del peligro que supondría el establecimiento de un régimen de partido único, teniendo en cuenta la reciente historia de lucha antes dictatorial contra de la familia Somoza», recordó González.

Pero el parteaguas fue el año 2018, cuando estallaron protestas antigubernamentales por unas reformas al seguro social que dejaron al menos 300 muertos y decenas de heridos y detenidos, coinciden los expertos.

El gobierno nicaragüense convocó a un Diálogo Nacional y consideró que la Iglesia católica podía mediar en él, pero no hubo resultados.

«El gobierno pensó que la Iglesia podía calmar los ánimos», señaló Aragón.

Por el contrario, durante las protestas los sacerdotes acogieron a manifestantes en los templos católicos para protegerlos de la represión de las fuerzas policiales, y los obispos pidieron un adelanto de elecciones.

«La Iglesia optó por por estar del lado de los manifestantes al denunciar las violaciones a los derechos humanos», dijo González.

«Yo creo que eso es lo que no perdonan Ortega y [la primera dama Rosario] Murillo a la Iglesia, y tampoco perdonan que la Iglesia católica sugirió un adelanto electoral y una democratización profunda del país», dijo.

Ortega tildó las protestas del 2018 como un intento de golpe de Estado a su gobierno.

Durante las protestas en 2018, los obispos nicaragüenses pidieron un adelanto de elecciones. Photo/Alfredo Zuniga,)

2023, el peor año para la Iglesia católica

Tras la crisis política de 2018, las relaciones entre la Iglesia y el Estado de Nicaragua se fracturaron al punto en el que el gobierno de Ortega llamó a los sacerdotes «demonios con sotana».

Martha Patricia Molina, una investigadora nicaragüense que recopila las agresiones contra la Iglesia católica, dijo a la VOA que desde el 2018 los religiosos han sido objeto de más de 700 ataques, de los cuales 307 se perpetraron en 2023.

«Podemos calificar este año último como el de más ataques en contra de la Iglesia Católica en el quinquenio reciente», dijo Molina.

Las agresiones en 2023 fueron dirigidas principalmente contra monjas, sacerdotes, seminaristas y diáconos. Pero también han ido escalando a nivel diplomático.

En mayo de 2022 Ortega expulsó al representante del Vaticano en Nicaragua, Waldemar Stalislaw Sommertag, un hecho que el Vaticano calificó de “grave” e injustificado” en un comunicado.

Ortega también ha arremetido contra la Santa Sede y contra el Papa Francisco, quien ha tildado al gobierno nicaragüense de «dictadura hitleriana».

El Papa en una entrevista con Infobae en referencia a Rolando Álvarez, un obispo que está preso en Managua tras rehusarse a salir del país, dijo: “No me queda otra que pensar en un desequilibrio de la persona que dirige [el país]. Ahí tenemos un obispo preso, un hombre muy serio, muy capaz. Quiso dar su testimonio y no aceptó el exilio”.

En Nicaragua hay al menos 13 curas y dos obispos presos, la mayoría sin cargos formales. Uno de ellos es Álvarez, condenado a 26 años de prisión por «traición a la patria». También fueron excarcelados 12 sacerdotes y obligados a salir para Roma en octubre tras negociaciones con la Santa Sede.

Ortega, en respuesta a los señalamientos del papa, cargó contra la jerarquía católica.

«Yo no creo ni en los papas ni en los reyes», señaló Ortega en un discurso en febrero de 2023.

Grado de represión no visto desde la Guerra Fría

Andrew Chesnut, director de Estudios Católicos de Virginia Commonwealth University, considera que el grado de «represión» que vive la Iglesia católica en Nicaragua no se había visto desde la época de la Guerra Fría, cuando la Iglesia enfrentó la persecución de los gobiernos comunistas como el de Castro en Cuba o el de los sandinistas en Managua.

«Daniel Ortega ve la Iglesia como enemigo del Estado y ha desatado una represión severa en contra del clero de la Iglesia, pero creo que la represión solo fortalecerá la fe de los católicos», dijo a la VOA Chestnut.

El experto asegura que no hay ningún otro país de la región donde la Iglesia católica sufra tanta persecución como en Nicaragua.

«No se ha visto tal grado de represión desde los primeros años de la revolución cubana», apuntó.

Antoni Talavera, un católico originario de León, una ciudad al norte de Managua, dijo que su sacerdote fue apresado en diciembre pasado luego de vivir años de acoso.

«Antes del arresto a mi sacerdote lo llamaban la gente del gobierno y lo acosaban preguntándole por qué iba a tal lado a oficiar misa», dijo el feligrés nicaragüense.

Talavera cuenta que también durante las homilías ingresaban sujetos afines al gobierno a la iglesia a tomar fotos a los asistentes y al sacerdote para intimidarlos. A su criterio, en Nicaragua peligra la fe católica.

Crisis sin una salida

De momento no se vislumbra una salida a la crisis nicaragüense.

El Papa Francisco abogó en su primer mensaje del año por un diálogo en Nicaragua, sin que haya una respuesta del gobierno de momento.

González cree que «hay muchísimo miedo por lo que pueda suceder y esto se refleja en que, desde hace un largo tiempo, los obispos de Nicaragua no firman un comunicado conjunto hablando de la situación del país y esa falta de interlocución entre el Vaticano y el régimen no facilita las cosas».

El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, Silvio Báez, dijo que la comunidad internacional no ha presionado lo suficiente al gobierno de Nicaragua para que cese la persecución contra la Iglesia.

El obispo pidió a la comunidad internacional «presiones eficaces contra un régimen criminal, que les toquen las bolsas porque es lo único que les duele”, y manifestó su preocupación por los religiosos presos en Nicaragua.

Báez, quien está exiliado en Estados Unidos y fue despojado de su nacionalidad por el gobierno, enfatizó la semana pasada la importancia de hacer eco de lo que ocurre en Nicaragua.

«Varias veces he dicho que no nos dejen solos, refiriéndome a la Iglesia universal, a todo el pueblo de Dios. A mí me ha dado la impresión que ha dejado mucho qué desear la solidaridad, el interés, la cercanía y manifestaciones en relación con lo que ocurre en la Iglesia con Nicaragua», dijo Báez a medios nicaragüenses.

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