Para crianzas más libres: eliminemos los estereotipos

Una sicóloga clínica explica que no es sano educar a niños y niñas con estereotipos de género respecto al juego.

Redacción / IP Nicaragua 

Las niñas con muñecas y los niños con tractores. ¿Tienen género los juguetes? se cuestiona Isabel Robles, madre de dos pequeños de 6 y 8 años de edad. Esta mujer, es licenciada en pedagogía y trabaja como maestra en una escuela pública en el Distrito Cinco de Managua.

Tanto en su papel de madre como docente, Robles trata de preparar a los niños para que crezcan en un mundo de igualdad, está consciente que para combatir el machismo la educación en casa y en los colegios es esencial.

Robles es originaria de Somoto, un municipio ubicado a 216 kilómetros al norte de Managua. Era la única mujer y fue criada junto a sus cuatro hermanos solo por su padre, debido a que su madre falleció cuando ella tenía solo 10 años.

A medida que ella crecía quería involucrarse en las labores del campo, pero sus cuatro hermanos se lo impedían y le decían que debía permanecer en la casa.

“Me decían que me fuera a jugar con mis muñecas o que me pusiera a cocinar si tan mujercita quería ser, pero que no me atreviera a tocar una pala, pues era trabajo de los hombres”, señaló Robles.

Cada vez que la rechazaban porque ella quería colaborar se molestaba. A veces para entretenerse tomaba los juguetes de sus hermanos, específicamente sus tractores, para imaginar que estaba en el campo preparando la tierra para sembrar frijoles.

También tomaba a los superhéroes, porque ella quería ser parte del equipo, pero la regañaban. «Recuerdo que mi papá me decía que yo tenía mis juguetes, que él no tenía ninguna marimacha, que mejor me fuera a aprender a  hacer queso, yo no entendía nada, me parecía tan absurdo, no estaba haciendo nada malo, solo era lo que me gustaba, pero debía callar”, recuerda Robles.

No cometer errores de adulta

Todo lo que vivió de pequeña le ha servido para no cometer los mismos errores con sus hijos y sus estudiantes.

“A veces los padres no nos damos cuenta de que si no permitimos ni fomentamos que un niño pueda jugar con muñecos y casas de muñecas, por ejemplo, el día de mañana no va a ser un padre aplicado y no va a asumir los cuidados y la responsabilidad en el hogar como propia. Y si nuestras niñas no juegan a ser superhéroes, no creerán que tienen la capacidad de cambiar el mundo, y la tienen, ellas pueden ser lo que quieran en la vida”, reflexionó Robles.

Cuando se trasladó a Managua para estudiar se volvió más independiente y esto la hizo conocer un poco más sobre la realidad de muchas mujeres.

«Yo me prometí que cuando tuviera mis hijos iba a tratar de erradicar el problema del sexismo y el machismo desde la educación. La verdad es que necesitamos educar en justicia, libertad e igualdad para que nuestra sociedad mejore, eliminar la violencia machista, las diferencias sociales y los estereotipos, para que sean libres de expresarse como prefieran, educar en la diversidad para que vean que hay muchas maneras de ser una niña o un niño”, dijo Robles.

«Lamentablemente en Nicaragua se vive en un sistema patriarcal que oprime a las mujeres, que son las que sufren mayoritariamente la pobreza, la brecha salarial, la violencia machista y la invisibilidad. Por ello, es necesario corregir todas las desigualdades para que nuestra sociedad sea más justa y más libre”, expresó Robles.

Los niños deben jugar libremente

La sicóloga clínica Andrea Pomares explica que los niños no nacen con una diferenciación psicológica de su género y el rol de los juegos en la vida de los niños sirve para que aprendan el «desarrollo de las habilidades sociales en un entorno lúdico» que ocuparán incluso en una etapa más adulta.

«No nacen sabiendo que son niños o niñas, ellos nacen con una asignación sexual biológica que tiene su base, pero también tiene una extraordinaria construcción psicológica en la que tiene mucha influencia la crianza de los padres”, comentó Pomares.

La especialista dejó en claro que los juegos y también los juguetes deberían ser libres, porque en todo caso el niño o la niña está jugando con inocencia.

«Si el adulto interfiere clasificando no solo los juegos, sino también los juguetes y la manera jugar lo que hace es obstruir un desarrollo natural, una decisión propia del conocimiento y de los roles sexuales”, comentó Pomares.

Situaciones erróneas

La sicóloga clínica explicó a IP Nicaragua que un niño no se hace homosexual por jugar con una muñeca o una niña se va a ser lesbiana por jugar con un carrito.

“Es totalmente erróneo  y es preocupante, porque en el caso de los varones crecen con diferentes pensamientos, uno de ellos por ejemplo es que remarcan que el cuidado de los niños le pertenece solo a las mujeres lo cual es absolutamente incorrecto, sin embargo es lo que han aprendido y lo que ha  interiorizado y esas raíces vienen desde la infancia, aunque muchos vean esta clasificación como inocente, como inocuo, como que no tuviera mayor trascendencia, si tiene mucha importancia tanto en el desarrollo emocional, en el desarrollo psicológico, en el juego de roles sociales y sexuales”, advirtió la sicóloga clínica.

Pomares enfatizó que los juegos influyen a nivel psicológico en la creencia “por los roles que se les inculca».

«Se crece creyendo que el hombre tiene que ir a trabajar y la mujer quedarse en la casa, se crea la jerarquía de poderes, el varón es el jefe y la mujer es la secretaria, son cosas que se inician de esa forma tan inocente, pero tienen consecuencias a largo plazo”, mencionó la especialista.

Educación sin estereotipos es la base

En los niños se puede crear una actitud agresiva de muy poca comunicación emocional porque se les enseña que «los niños no pueden llorar, no son niñas para expresar lo que sienten, y las niñas piensan que siempre deben tener un varón que las auxilie, que las salve”, manifiesta Pomares.

Eliminar esas barreras en la crianza evitaría tener adultos disfuncionales, sino que fueran personas con mayor libertad de sentir, de experimentar, de vivir», señaló Pomares.

«Obviamente todo esta libertad también es enmarcada dentro de un monitoreo adulto responsable, brindándoles ese espacio seguro donde puede experimentar, donde pueda preguntar, jugar sin estereotipar”, recomendó la sicóloga clínica.

El marketing en los juguetes usualmente está dirigido a los adultos que tienden a «sesgar la elección» por los estereotipos de colores, roles y personajes tan interiorizados.

Pomares alertó que a veces los juguetes y su marketing revelan un machismo evidente “como cuando en el envase de un set de pinturas aparece una niña y en el de una excavadora la foto es de un niño».

«Un bebé de menos de dos años aprende por observación y deducción, y a medida que crece y expresa sus deseos empieza a sentirse identificado solo con lo que se les ha dicho que corresponde a su género”, señaló Pomares.

La sicóloga clínica consideró que no es sano educar con estereotipos de género respecto al juego.

“Pero no es algo que a veces nos demos cuenta es incuestionable que la sociedad en general y de manera subliminal continúa dando este mensaje patriarcal. En los juguetes, en las películas infantiles, en las redes sociales, e incluso los mismos padres de familia en los quehaceres de casa”, aclaró la sicóloga clínica.

Pomares indicó que los niños aprenden por imitación, la niña copiará lo que haga la mamá, y si es niño igual con su semejante.

“Los juguetes son la primera vía de aprendizaje de esta desigualdad, pues ya estamos etiquetando quien es quien, desde el primer minuto de vida, hay que reflexionar y dejar de fomentar esos estereotipos”, aconsejó Pomares.

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