Amigos de la alfabetización, crónica de una fotografía

* La cantante Norma Elena Gadea y el doctor exiliado Ricardo Pineda son el centro de una composición fotográfica de los años ochenta

Orlando Valenzuela/ IP Nicaragua

La Cruzada Nacional de Alfabetización en Nicaragua fue una de las acciones más populares después del triunfo de la revolución, en la que participaron miles de jóvenes y adultos que hoy recuerdan esta gesta realizada en 1980.

La jornada comenzó el 23 de marzo y se extendió hasta el 23 de agosto de ese mismo año, logrando alfabetizar a aquellos que no sabían leer ni escribir.

Fueron cinco meses en los que Nicaragua entera vivió el entusiasmo de toda una generación que se internó en las montañas para enseñar a leer y escribir a los campesinos de todo el país.

Los jóvenes de la época dejaron a su familia y enfrentarse a todo tipo de adversidad como caminar cerro arriba y guindo abajo, dormir en el suelo o en una hamaca, pero nada evitó que cumplieran con la misión que tenían.

Jóvenes en el parque central de Ocotal hace 40 años. Foto: Orlando Valenzuela.

En esa época nadie pidió ni recibió ningún pago, porque todos cumplieron esta noble misión de forma voluntaria y al final quedaron con la satisfacción del deber cumplido con las mochilas llenas de recuerdos de aquella inolvidable jornada educativa, cultural y política.

Cientos de fotos se tomaron durante la jornada de   alfabetización. Hay algunas que ocuparon las primeras planas de los periódicos de la época y otras que pasaron a los álbumes familiares para ser desempolvadas cada aniversario.

Una fotografía del recuerdo

IP Nicaragua les trae a recuerdo una histórica foto en la que aparece la cantante nicaragüense Norma Elena Gadea bailando en el parque central de Ocotal con el alfabetizador Ricardo Pineda.

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Los brigadistas regresaron triunfantes de las montañosas de Murra, un municipio del departamento de Nueva Segovia, donde fueron enviados para alfabetizar a sus habitantes.

Han pasado 40 años desde aquella gesta histórica y esa fotografía. Ricardo Pineda se convirtió en un reconocido médico que, hoy vive en el exilio por apoyar y brindar atención médica a los jóvenes heridos durante las protestas de abril de 2020, que fueron reprimidas por el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Desde la lejanía del exilio, Pineda recordó aquella famosa foto en el parque de Ocotal y la alegría que se vivía en esa época.

Foto: Orlando Valenzuela / IP Nicaragua.

“Desde marzo hasta agosto de 1980 se llevó a cabo la gran Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA). Fue un esfuerzo monumental de la sociedad, donde los estudiantes de secundaria y universidad de todo el país se volcaron a enseñar a leer y escribir a los campesinos de las regiones más lejanas del territorio nacional”, dijo Pineda a IP Nicaragua.

Según Pineda, pocas personas saben que hubo 80 brigadistas que, desde diciembre del año anterior, con el “Proyecto Piloto de la CNA”, se movilizaron para evaluar la Cartilla de Alfabetización.

Este contingente se dividió en cinco grupos que se distribuyeron en diversas regiones de Nicaragua, agregó Pineda.

En uno de ellos, en el que Pineda se encontraba, llegó a Mozonte, otro de municipio de Nueva Segovia.

“Este grupo de chavalos que llegamos a Mozonte conformamos grupos entre los campesinos de la comunidad, les enseñamos a leer y escribir. Así mismo participamos con ellos de sus actividades agrícolas, culturales y organizativas” recuerda Pineda.

Los brigadistas -agregó- se reunían los sábados en Ocotal para redactar informes del avance de la lectoescritura y enviarlos los detalles a Managua.

En cada reunión afinaban detalles de cuánto tiempo iba a demandar la Cruzada Nacional de Alfabetización.

“Tras un breve paso por Ciudad Antigua, fui enviado a Murra, a trabajar con el contingente de estudiantes de Ocotal que estaban ubicados allí, la gran mayoría del Instituto Nacional Leonardo Matute. En agosto, culminamos la gran tarea y se nos dió la orden de regresar a Ocotal, el pueblo se volcó a recibir a sus héroes, a sus chavalos y chavalas que habían experimentado cinco meses de montaña, lodo, trabajos arduos y la separación de la familia”, dice Pineda.

Una algarabía

Cuando los jóvenes alfabetizadores llegaron a la entrada de Ocotal, todo se descontroló. Los hijos corrían, las madres lloraban, los grupos se disolvían y ya no había pelotones ni escuadras, solo familias envueltas en besos y abrazos.

Pineda quedó como espectador de la algarabía que ahí se vivía, pues no tenía familia en Ocotal. No tenía ni siquiera un lugar donde quedarse a dormir.

Las familias se fueron, había jubilo en el pueblo, y era un brigadista solo en el parque.

“Luego de un rato apareció Pucho Mantilla a darme un abrazo y decirme que no me ahuevara, que no estaba solo, y el Chele Gadea, y otros amigos que, dejando a la familia ya en casa, llegaron a apoyarme”, recuerda Pineda.

Se organizaron y llevaron comida y algo de tomar. Además, decidieron que se iba a quedar a dormir en casa de William Parqueo, que tenía espacio disponible, pues estaba solo en el país.

“Al llegar la noche hubo una fiesta cerca del parque y Norma Elena me abrazó, me dijo que todos éramos familia y que no estaba solo, en ese momento se me salieron las lágrimas y bailamos. Esta es la historia de la foto que refleja la nobleza y el cariño de los amigos de Ocotal encarnados en la persona de Norma Elena y capturados por el lente de Orlando Valenzuela”, recordó Pineda.

Foto portada: Norma Elena y Ricardo Pineda bailando en el parque central de Ocotal hace 40 años / Orlando Valenzuela. 

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