El sector turístico en Somoto vive un panorama desolador

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Antes de 2018, el Cañón de Somoto era uno de los lugares de mayor afluencia de turistas extranjeros, hoy este sitio se encuentra vacío, a pesar de los esfuerzos que hace el gobierno central a través del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur).

El Cañón, la mayor atracción de Somoto, luce vacío y paralizado, lo que refleja el estancamiento de las actividades turísticas en este municipio.

Gonzalo Cáceres Hernández, quien fuera presidente de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur) en el departamento de Madriz, y hoy en el exilio, aseguró que el estancamiento afecta a los negocios locales que no ven movimiento en sus ventas.

“No hay turistas extranjeros y si entran son muy pocos, no son lo suficiente para mantener una economía que depende mucho de turistas”, dice Cáceres Hernández.

Era la mayor atracción turística de Somoto

En el Cañón de Somoto, también conocido como Namancambre o la Estrechura, más de 44 familias que habitan en las inmediaciones de ese lugar y que antes se dedicaban a las actividades agrícolas, se habían convertido en guías turísticos y prestaban servicios a los visitantes como guías turísticos.

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Ellos ofertaban traslado sobre las aguas del Cañón a bordo de lancha de remo y neumáticos o subir senderos montados a caballo, burritos o bicicletas y ofrecerles alimentos típicos del lugar, también alojamientos en cuartos debidamente acondicionados.

Estas familias percibían en ingresos económicos en época de verano entre 250 a 350 dólares a la semana y en días normales, entre 120 a 180 dólares.

“Nosotros llevamos cuatro años que no ofertamos ningún servicio turístico porque los visitantes extranjeros no vienen”, dice un lugareño que pide no ser identificado por temor a la represalias.

“Esto está casi muerto, la única gente que viene son unos cuantos turistas nacionales, pero estos ni compran, ni consumen nada y tampoco contratan los servicios de lanchas o bestias para montar y hacer recorridos de senderos”, se quejó.

En esta zona era común ver a los extranjeros navegando por el Cañón de Somoto y les gustaba recorrer sus cinco kilómetros así, lo hacían también a pie, montado en bestias o en bicicletas por sus senderos.

“Ellos disfrutaban las aguas cristalinas, las enormes murallas de laderas que se alzan hasta 200 metros de altura y especies de animales como el murciélago, aves exóticas y plantas naturales (…) La oferta ahí está, falta la demanda”, critica la fuente.

Durante el verano y Semana Santa llegaban al Cañón de Somoto unos 11 mil turistas, la gran mayoría visitantes españoles, japoneses, canadienses, norteamericanos, ingleses y centroamericanos.

Artesanos la pasan mal también

Otros que enfrentan las mismas secuelas de la ausencia de turistas extranjeros son los artesanos.

Muchos de ellos han tenido que despedir el personal que laboraba y poner a miembros de su familia en los establecimientos.

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Lo mismo pasa con los pequeños hoteleros. El emblemático Hotel Colonial fue vendido por sus propietarios, debido a la misma crisis.

“Tenemos cuatro años de estar sobreviviendo con los pocos huéspedes, en su mayoría profesionales de empresas privadas, contratados por el estado para la ejecución de obras públicas como carreteras, hospitales, centros de salud y escuelas en varios municipios del departamento. No son turistas”, se queja un administrador de hotel.

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“A veces dan ganas de cerrar, hemos reducido personal porque no hay como pagarles”, denunció.

La gran mayoría de mujeres propietarias de las famosas rosquillas somoteñas de la ciudad de Somoto y del municipio de Yalagüina, en Madriz, también enfrentan serios problemas para la sostenibilidad de sus negocios.

“Recuerde que a nosotras nos afectó la pandemia del coronavirus y ahora las enormes alzas en la materia prima como la harina o el maíz, los huevos, la manteca y el aceite, la leña, el queso y la tapa de dulce de caña”, se lamenta Paula del Socorro Ramírez, propietaria de un pequeño taller de rosquillas en la comunidad La Esperanza, en Yalagüina.

Para Gonzalo Cáceres Hernández, la situación de la economía de Nicaragua está afectando la llegada de turistas extranjeros.

“También la migración de jóvenes nicas afecta, porque ellos eran quienes más visitaban en calidad de turistas nacionales estos lugares, además de la falta de aerolíneas que normalizan su llegada a nuestro país”, explicó.

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