Depredador del mar regresa al Lago de Nicaragua

Orlando Valenzuela / IP Nicaragua

Capturados sin ninguna restricción, los tiburones del Gran Lago de Nicaragua fueron dados por extinguidos por muchos años.

Sin embargo, en los últimos años, pescadores, bañistas y viajeros que cruzan este cuerpo de agua, considerado el lago más grande de Centroamérica, han dado cuenta del regreso del depredador de aguas saladas a la enorme alberca de agua dulce llamada Lago Cocibolca.

Los testimonios de avistamientos de tiburones en el Gran Lago son más frecuentes y en puntos tan distantes que hace suponer que éstos están tomando lo que por siglos fueron sus dominios.

José David Ponce se dedica a la pesca desde hace más de 20 años y durante ese tiempo, asegura, cuatro tiburones han quedado enredados en sus redes, y otros han escapado, lo que confirma la existencia estos escualos en el lago de agua dulce más grande de Centroamérica.

Tiburón muerto en el Lago de Nicaragua. Foto: Cortesía Agustín Llanes.

“Este año vimos uno grande. Le vimos la aleta, pero no lo pudimos agarrar. Eso fue en la isla de San Bernardo, una hora al sur de Morrito,   pero hace después yo agarré una tiburona grande que se pegó en las redes, que uso en temporada de pesca de Sábalo Real. Medía como tres metros de largo, era ploma, no se qué raza era, pero era grande”, contó Ponce.

Según Ponce, otros pescadores también han visto tiburones rondando las aguas cerca de Morrito, y en ocasiones aparecen pegados en las redes que dejan tendidas en la zona de pesca, pero nadie comenta nada y se quedan callados porque saben que está prohibida la pesca del tiburón.

De aquella tiburona grande solo queda como evidencia de su existencia su enorme mandíbula, la que Ponce regaló a un amigo dueño de una tienda de caza y pesca de Juigalpa, Chontales, quien la tiene como trofeo en la sala de su casa.

El caso más reciente ocurrió el 2 de febrero de este año, 2020, cuando el joven pescador de 19 años, Sergio Lanuza, originario de la isla Zapatera escapó de ser devorado por un par de tiburones en el sector del volcán Maderas, de la isla de Ometepe.

Ese encuentro cercano con la muerte quedó grabado en un video que se hizo viral cuando su acompañante, que fue el que le advirtió de la presencia de los feroces tiburones, colgó el video en redes sociales.

Historias de antaño

La última vez que en San Miguelito vieron un tiburón toro fue hace 18 años, en el 2002, cuando Pedro Argueta “cazó” en el Gran Lago de Nicaragua un escualo de dos metros de largo, que pesó más de 200 libras.

“Eso fue como a tres kilómetros a la derecha de San Miguelito, a la orilla de una pequeña islita donde yo había puesto las redes en la noche y por la mañana que revisé, allí estaba pegado de la cola, entre las redes”, recuerda Arqueta.

“Aquí se hizo un alboroto cuando trajimos el tiburón al muelle. Vino mucha gente que nunca había visto un tiburón y ese día hasta se tomaron fotos y videos con él. Lástima que a mí no se me ocurrió hacerme una foto con ese animal”, continuó.

Pescadores de Morrito, Río San Juan. Foto Orlando Valenzuela

Elías Duarte, de 29 años, fue testigo de aquel acontecimiento y lo recuerda así: “Era la primera vez que yo miraba un tiburón en el lago, en toda mi vida, porque antes la gente contaba que en el lago había tiburones, pero solo los viejos los habían visto. Nadie de la nueva generación los había visto, hasta que ese día Pedro trajo uno. Era gordo, bonito y la gente se emocionó y todos querían tomarse fotos con el tiburón, pero después lo repartieron para comérselo”.

Casi lo devora un tiburón

“Yo le digo que ese era el tiburón más grande que caminaba en ese lago”, dice Mauricio Ponce al recordar la vez que en Morrito, hace 30 años, un enorme tiburón casi devora a su hermano, mientras andaban pescando gaspares.

“Estábamos pequeños y nos bañábamos entre dos piedras, y en lo que él (su hermano) se tira, miro que se viene un remolino de agua y le pasa cerquita. Ahí nomás se suspende a nadar más rápido y se sube a la piedra, y lo veo todo chollado, en carne viva, el animal lo pasó lijando, dio la vuelta y se vino de regreso el turbo de agua. Era un tiburón grandísimo que tenía como diez varas de largo”, recordó Ponce.

Como gran conocedor del tema, Ponce cuenta: “Esos animales, lo pasan hiriendo a uno para sacarle sangre y así atacar. En este lago hay bastante tiburones. Ahora están escasos, pero hay grandes y pequeños”.

Guillermo Ugarte, diríase, era un viejo lobo de mar. Con 70 años de vida, cuenta que él fue uno de los pocos marineros que vivió la época dorada del tiburón del lago Cocibolca, que les ha permitido a los nicas decir en el exterior que “Nicaragua es el único país del mundo que tiene tiburones de agua dulce”.

Y en efecto así era. El Gran Lago de Nicaragua, por miles de años fue el hábitat de una rica y variada fauna acuática que incluye especies marinas como el pez sierra, pez martillo, sábalo real y el tiburón toro.

“Hace 60 años, usted los iba a ver venir (a los tiburones) uno detrás de otro. Se cruzaban allí y uno a veces los mataba por matarlos, porque no los compraba la gente. Pero vino un señor de Granada de una empresa asiática y nos buscó para que le ayudáramos a agarrar tiburones y peces sierra. Entonces nos fuimos a Punta de Mayales y allí agarrábamos y pelábamos dos veces a la semana 80 peces sierra y unos 40 tiburones. Pero ya después  quedó ralo. Se agarraba más peces sierra que tiburones. Ahora tengo años de no ver un tiburón por aquí, pero al lado de San Carlos y San Miguelito todavía hay sus tiburoncitos, pero no cantidades”, aseguró Ugarte.

Si aparecen tiburones muertos, tiene que haber vivos

Román Esteban Cruz, también de Puerto Díaz, tenía 25 años, cuando él y su papá capturaron un tiburón por el lado de Mayales. “Teníamos las redes tendidas para róbalos y gaspar, y allí se pegó el tiburón. Era como de metro y medio, ya adulto, estaba vivo todavía y bravo, lo echamos vivo a la panga y allí murió. El tiburón bravo se muere rápido, como que se estresa y se muere. Lo trajimos para acá y los descuartizaron, no quedo nada, ese fue el último que vi, a final de los años 80”, narró.

Otro que está seguro de la existencia de tiburones en el Gran Lago es el empresario turístico Agustín Llanes, propietario de la reserva silvestre Montecristo, en Sábalos, Río San Juan.

Llanes no solo cree haber visto en tres ocasiones las aletas de un tiburón en aguas arriba del Río San Juan, sino que hasta les tomó fotos a un pez martillo y a uno de estos depredadores, que murieron asfixiados por falta de oxígeno, cuando toda la zona padeció de una plaga de chayules que provocó una mortandad de peces a lo largo del codiciado Río fronterizo con Costa Rica.

Los testimonios de avistamientos de tiburones en el Gran Lago son más frecuentes. Foto: Cortesía de Agustín Llanes.

“Ese año tuvimos una plaga inmensa de chayules, entonces cuando los chayules se morían, caían al agua y formaban una capa gruesa encima del agua que no permitía el oxígeno, y se estaban muriendo todos los peces del río, incluyendo ese pez martillo y ese tiburón toro que estaban flotando entre miles de peces también asfixiados, por eso yo digo que si vi ese tiburón muerto, tiene que haber tiburones vivos”, señaló el empresario.

¿Cómo se adaptan?

La existencia del Tiburón Toro y su adaptación a las aguas dulces del Gran Lago de Nicaragua la explica el científico nicaragüense Jaime Íncer Barquero.

Íncer Barquero explica que el tiburón toro, propio de los mares, “entró durante miles de generaciones por el Río San Juan y logró adaptar su riñón a las condiciones de agua dulce del lago Cocibolca, por un procedimiento de filtración de la urea que se llama ósmosis, que le permite, abriendo una especie de filtro, expulsar la sal acumulada en sus tejidos, y a medida que sigue río arriba absorbiendo agua dulce  por las branquias, va eliminando por la orina todas las sales del cuerpo hasta equipararse al nivel del agua del Gran Lago”.

“Lo mismo ocurre cuando regresa al mar a reproducirse, solo que a la inversa”, anotó el científico.

De acuerdo con Íncer, la extinción del tiburón se debió a la explotación irracional del recurso, sobre todo a partir de mediados de la década de 1960, cuando el Ministerio de Economía dio una concesión a una empresa asiática para explotar las aletas de tiburón, que son muy apreciadas para hacer la famosa sopa china. “Y lo que hicieron los chinos, tanto a lo largo del Río San Juan, como en el Delta o la salida del río Colorado, fue colocar trampas y redes, y todo tiburón que entraba o salía, allí quedaba, lo pescaban, le cortaba las aletas y tiraban al agua el cuerpo mutilado. El tiburón con las aletas cortadas no puede nadar, se va al fondo y se muere”, lamentó.

Gran negocio, los exterminó

A finales de la década de los años cincuenta, el doctor Thomas B Thorson, de la universidad de Nebraska, estudió la fisionomía del tiburón Toro del Gran Lago de Nicaragua, y en ese periodo logró marcar mas de 4,000 tiburones en la boca del Río Colorado. Él estudió la fisiología del tiburón toro, de cómo era capaz de pasar y adaptarse de un ambiente marino a un ambiente salobre y luego al dulce.

Otro que llegó a Nicaragua, pero en los años ochenta, intrigado por las historias que escuchaba sobre el famoso tiburón de agua dulce, fue el célebre explorador marino Jacques-Yves Cousteau, quien quería investigar sobre la evolución y formas específicas de reproducción de este depredador. El esfuerzo de Cousteau no tuvo el resultado esperado porque no pudo encontrar ninguno.

Las razones de la desaparición del tiburón del Gran Lago se encuentran en el desinterés de las autoridades de la época (Gobierno de Somoza) de preservar uno de los más valiosos recursos naturales, como es la fauna acuática del gran lago, al dar concesiones a empresas asiáticas para la caza del pez cierra y el tiburón hasta su exterminio total.

Según el doctor Thorson, durante sus investigaciones conoció en San Carlos, sobre la orilla del Río, a una mujer que en seis meses había logrado acopiar cerca de 2,000 tiburones y a otro pescador que en una operación comercial de ocho meses logró la captura de casi 7,000  tiburones.

En aquella época el negocio fue tan rentable, que hasta se construyeron plantas procesadoras de tiburón en Granada y Ometepe y acopios en San Carlos y otros sitios cercanos al nacimiento del río San Juan.

Para dar una idea del negocio que se hacía con el tiburón del Gran Lago, las dos plantas procesadores de carne de tiburón llegaron a exportar más de cuatro millones de libras de aletas y carne de tiburón a Asia, hasta que ya no fue rentable en 1981.

Un kilogramo de aletas de tiburón en Costa Rica puede costar cincuenta dólares, mientras por la carne sólo se paga dos dólares el kilo. En el mercado asiático el precio de las aletas puede llegar hasta los 700 dólares por kilogramo.

De acuerdo con sus investigaciones, el doctor Thorson sostuvo que la causa del declive de la población de tiburones en el Gran Lago se debió a la pesca intensa que se realizaba en la boca del río colorado para abastecer a tres empresas de San José que comercializaban las aletas, mandíbulas y carne para su exportación. Esto impacto en aquellos grupos de tiburones que lograban remontar el río aguas arriba para llegar al  gran Lago.

Sin embargo, las palabras del doctor Thorson parecen cumplirse más de medio siglo después cuando opinó:

“No creo que (los tiburones) lleguen a extinguirse completamente del lago. Cuando no sean más un artículo comercial dejarán de capturarlos y entonces, regresarán”. Al parecer,  ya lo están haciendo.

Carcharhinus nicaraguensis

Se estima que existen entre 250 y 300 especies de tiburones que viven principalmente en los mares, siendo excepcionales las especies de agua dulce, como el Carcharhinus nicaraguensis, que habita en el Lago de Nicaragua. Este fue bautizado así porque se creía único en el mundo, pero después se descubrió que era el mismo tiburón toro, común en varios países de Latinoamérica. Tienen un promedio de vida de 35 años y las hembras dan a luz entre 4 y 5 crías por parto.

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