Suyén Barahona vivió aislada por más de 600 días en El Chipote como presa política: «Abrazar a mi hijo ha sido como volver a la vida vida»

Suyen Barahona

La activista nicaragüense Suyén Barahona Cuan permaneció más de 600 días aislada en una celda de «El Chipote», luego que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo la privó injustamente de su libertad el 13 de junio de 2021. Hace dos meses y medio recobró su libertad, fue desterrada y desnacionalizada, pero volvió a la vida al reencontrarse con su hijo de seis años.

Barahona, de 45 años, es presidenta de la organización política Unión Democrática Renovadora (Unamos) y forma parte de los 222 presos políticos que fueron excarcelados y posteriormente desterrados a Estados Unidos, el 9 de febrero de 2023.

Volver a abrazar a su hijo, ahora de 6 años, fue como «volver a la vida», dijo en entrevista con IP Nicaragua.

«La tortura más terrible fue el impedimento de ver a mi hijo. Me tomó un año y medio de poder verlo en foto», afirma Barahona.

El 8 de diciembre de 2022, por primera vez, logró ver a su hijo, pero a través de una fotografía. «Permitieron a mi familia llevarme una foto para que lo viera y me permitieron recibir un dibujo de él, para esa fecha el resto también pudo ver a sus hijos», recuerda.

La Navidad pasada, el régimen le permitió una videollamada por 15 minutos con el menor y aunque no tuvo privacidad fue un momento que esperó por varios meses para escuchar la voz de su hijo. «Estaba rodeada de oficiales con cámaras de videos, fotos y todo eso».

El reencuentro con su familia

Escuchar la voz de su hijo le dio más fuerzas para seguir resistiendo. «Por el desgaste físico que sufrí y por el tiempo, llevaba más de año y medio, el niño tuvo mucha dificultad en reconocerme. Al inicio estaba como en shock», recordó.

Para la activista es importante recalcar que todos los derechos de las personas presas políticas fueron violentados. «La verdad es que también la de nuestros hijos por que a los padres y a las madres de los menores y a ellos, se les robó el derecho de mantener una relación con nosotros y pasaron muchísimas angustias», afirma.

«Eso fue de las torturas más fuertes y con especial saña creo que a las madres, a los padres se pararlos de los hijos, fue utilizado como una de las formas de torturas. En los interrogatorios te decían que por estar participando (contra el régimen) ahora tu hijo no tiene leche, tu hijo no te tiene. Había mucha utilización de dolor, con una forma de tortura el tema de la separación de los hijos», recuerda.

El pasado 9 de febrero cuando subió al avió que la llevaría a Washington D.C. «una mezcla de sentimientos» invadió su corazón.

Por un lado, la inmensa alegría de volver a su hijo y a su esposo, y por supuesto, la alegría de estar libre, a pesar de que era un destierro el que estaba sufriendo. Mientras volaba a Estados Unidos, juntos a los otros 221 excarcelados políticos, el régimen le arrebató su nacionalidad.

«También me invade la tristeza de dejar Nicaragua y parte de mi familia. En cuanto despegó ese avión todos íbamos con lagrimas en los ojos», recuerda.

Al llegar a Estados Unidos, Suyén Barahona cuenta que vivió las horas más felices d su vida después de permanecer exactamente 606 días separada de su hijo.

«El reencuentro con mi hijo fue una inmensa alegría, para mi abrazarlo por primera vez, y los abrazos que le he dado desde entonces han sido como volver a la vida, sentirme completa, sentir alivio, respirar, como que mi corazón volvió a regenerarse porque lo que sentí en la cárcel fue como que me habían arrancado el corazón y me dolía el alma, el cuerpo, me costaba dormir e incluso respirar», cuenta después de dos meses y medio.

suyen barahona
Captura de pantalla

 

En ese año y medio que estuvo en prisión, Barahona no pudo celebrar dos cumpleaños de su hijo. «Esos fueron los momentos más terribles para mí, pero a la vez era mi motor para sobrevivir. Verlo, tocarlo de nuevo fue como volver a la vida y sentirme completa».

Ahora la activista está dedicada a recuperar el tiempo con su familia. «Hemos estado reconectados con su rutina, he estado pasando mucho tiempo con él, jugar, correr, y contestando muchas preguntas cómo qué me daban de comer, por qué cambié y bajé de peso».

Su activismo político

Además de su reencuentro familiar, Barahona además no teme hablar sobre su activismo social, sus inicios en la política, su participación en las protestas sociales de 2018 y sobre las torturas que sufrió en «El Chipote».

Se integró a la política desde muy joven en el año 2006 y participó en las elecciones generales de ese momento como fiscal en las Juntas Receptoras de Votos.

«Luego me involucré más, convocada por la red de mujeres de Unamos que se estaba formando, y pues porque yo también estaba muy descontenta con el rumbo que llevaba el país desde 2006. Temía mucho que ganara Daniel Ortega y desde los primeros años se empezó a ver el afán de desmantelar la democracia», recuerda.

A partir de entonces participó en un varias protestas sociales, incluso en rechazo a la reelección de Ortega en 2011. «Desde entonces demandamos elecciones libres y transparentes. Así pase de 2010 a 2018», precisó.

Suyén Barahona en las protestas cívicas de 2018

El 18 de abril de 2018 estallaron en Nicaragua una serie de protestas ciudadanas contra unas reformas al Seguro Social, que fueron reprimidas por la Policía y grupos de paramilitares.

«Ese día participé en dos protestas, primero en la mañana habíamos salido frente a uno de los edificios que habían sido financiados con presupuesto del INSS, denunciando las reformas al INSS y la corrupción con el dinero de los cotizantes, y luego en Camino de Oriente», indicó.

En Camino de Oriente, exactamente hace cinco años, inició la represión contra las protestas ciudadanas. Barahona recordó que para «evitar la represión» terminó cruzando un cauce en el sector de la Centroamérica en Managua.

suyén barahona

Días después las protestas ciudadanas pasaron a convertirse en la exigencia de la salida del régimen del poder, por su represión armada contra los manifestantes.

«Una voz de justicia nos convocó a tantos, a millones a partir de ese abril de 2018», sostiene Barahona, quien participó activamente en las manifestaciones de los autoconvocados.

Debido a su activismo, el 14 de octubre de 2018 fue detenida junto a otras activistas y defensoras de derechos humanos como Ana Margarita Vijil, precisamente en Camino de Oriente. «Terminamos en el viejo Chipote, estuvimos detenidas 36 horas», recordó.

Asedio y exilio

El 14 de octubre de 2018 empezó el asedio y la persecución más dirigida contra su persona. «Me seguían a todos lados, incluso hasta donde iba con el niño y llegaban drones a mi casa».

Desde el 19 de abril de 2018, el Frente Sandinista de Liberación Nacional empezó una campaña de persecución contra quienes pertenecían a Unamos, agrega.

«Nos acusaban de ser los financieros de las protestas, que era absurdo porque las protestas fue algo espontáneo, de tanta gente que se había hartado de la corrupción, de la represión y que salió a la calle para decir ya basta. Luego eso se convirtió en la demanda de libertad y justicia, cuando empezaron a asesinar, cuando empezaron los crímenes de lesa humanidad», afirma.

Debido al constante asedio, la activista se exilió a finales de 2018. Reconoce que la situación fue bastante difícil tanto para los opositores al régimen, como para los autoconvocados que muchos fueron apresados ese años y otros tuvieron que huir del país. Meses más tarde regresó al país.

Barahona señaló que, siete meses antes del encarcelamiento, el 13 de junio de 2021, el asedio había subido de nivel, «por alzar la voz y demandar la libertad de las personas que habían sido apresadas antes que nosotros».

«La policía vestidos de civil se plantaron en las afueras de mi casa, inclusive pusieron una caseta de vigilante de manera permanente y habían motorizados que me seguían a todos lados», agregó.

Suyén Barahona fue capturada de forma violenta frente a su hijo

Entre el 28 de mayo y finales de noviembre de 2021, más de 40 opositores, periodistas, empresarios y críticos al régimen fueron detenidos.

«Yo ya me esperaba ese momento porque llevaban una semana de estar apresando a varios, y el día anterior (12 de junio de 2021) habían apresado a Tamara (Dávila), amiga y colega mía; y como media hora antes se habían llevado a Ana Margarita (Vijil) y a Dora María (Téllez)», indicó.

Barahona fue detenida en su vivienda por un fuerte operativo policial, de forma violenta y en presencia de su hijo, quien entonces tenía 4 años.

suyen barahona

«Vi venir por las cámaras como irrumpieron en el vecindario, como ocho camionetas con policías con antimotines, con armas de guerra, y mi hijo salió corriendo, gritando: ‘mamá viene la policía’, y no lo pude detener. Lo que hice fue que salí corriendo, puse las manos arriba, y les dije aquí estoy, hay un niño de 4 años, por favor. Esa era mi angustia», recuerda.

Inmediatamente después que la identificaron «procedieron a agarrarme, me esposaron y me empujaron de forma violenta. Lo último que vi fue la cara de susto de mi hijo».

«Ya en la patrulla, recuerdo que subí la cabeza para ver a mi hijo y uno de los policías que estaba al frente dijo a otro, si vuelve a levantar la cabeza se la rajas. Así fue la separación, la última vez que vi a mi hijo hasta que me desterraron», expresó.

Pese a que la Policía se la llevó y trasladó a las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), complejo Evaristo Vásquez Sánchez de Managua, el allanamiento en su vivienda duró casi 6 horas, según le contaron sus familiares.

Las torturas en El Chipote: Aislamiento e incomunicación

Debido a la violenta detención Barahona recuerda que llegó a El Chipote «mareada, con dolor en el cuello».

«Estuve en una celda en solitario todo el tiempo de mi encarcelamiento, al igual que muchas. Solo cuatro días en noviembre compartí celda con María José Camacho (exasistente de la presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alba Luz Ramos), de ahí estuve todo el tiempo sola», dice a IP Nicaragua.

La celda en la que estuvo Barahona era de barrotes abiertos y como todos los presos políticos le prohibieron el acceso a una Biblia. Tampoco se le permitía intentar comunicarse con las demás presas políticas que tenía de vecina en su celda.

«Parte de la tortura que vivimos en El Chipote fue el aislamiento, tampoco me dejaron ver al niño en foto, eso fue parte del ambiente de tortura, la incomunicación, el que no podíamos leer y escribir. Había mucha restricción de alimentos y los interrogatorios siempre incesantes, inclusivo después de haber sido condenada seguían los interrogatorios», señala.

Barahona fue condenada a ocho años de prisión por la jueza Ulisa Yahoska Tapia Silva, quien la sentenció por el supuesto delito de menoscabo a la integridad nacional.

La activista está en un proceso de sanar, estabilizarse. «Hay secuelas con los que todos tenemos que lidiar, todos tuvimos experiencias diferentes. Yo he estado recibiendo atención médica, psicológica, ejercitar y sobre todo pasar tiempo con mi hijo e ir reconectando con otros.

«Siento un profundo agradecimiento y salgo con mucha esperanza de que vamos a lograr el cambio en el país», finalizó.

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