La resiliencia de los desterrados. Liberados, pero en un país extraño

La mañana fría del 09 de febrero de 2023 la política y la vida en Nicaragua tomó un giro inesperado cuando 222 presos políticos fueron liberados y desterrados por el régimen Ortega-Murillo a Estados Unidos.

Los desterrados luchan en un país extraño, sobreviven lejos de los suyos y con muchas necesidades. Cuando cuentan lo que han vivido, pintan un panorama conmovedor que les cambió la vida para siempre.

John Cerna y su sanación

John Christopher Cerna Zúniga es oriundo de Matagalpa. Fue sacado de las aulas universitarias y enviado al confinamiento político un 18 de abril de 2018.

Cerna Zúñiga pasó más de 800 días en el pabellón de presos llamado «El Infiernillo», una celda de máxima seguridad en el Sistema Penitenciario Nacional de Tipitapa, “La Modelo”.

La historia de Cerna Zúñiga está marcada por la tragedia. Su padre falleció 40 días antes de su detención, su abuela de crianza murió cuatro días después de su destierro, y perdió a otros seres queridos durante su cautiverio.

“Su resistencia se nutre”, según sus palabras, “de la colección de libros sobre democracia que le dejó su difunto padre, convirtiéndose en una guía para sanar las heridas y alimentar sus ideales ciudadanos en la diáspora”.

Desde su destierro, Cerna Zúñiga no sólo enfrenta los desafíos de establecerse en un nuevo país, con una cultura, idioma y sistema diferente, sino que también se dedica a la actividad física para superar los daños musculares sufridos en prisión.

A pesar de haber enfrentado la tortura, un intento de asesinato y la pérdida de seres queridos, su compromiso con la lucha por la democratización de Nicaragua sigue intacto. Trata de participar en las actividades que puede, para denunciar lo que sigue pasando.

“Esto no es un asunto de derechas ni de izquierdas, solo es querer trabajar por un país libre”, afirma.

Cerna Zúñiga camina al aire libre para recuperarse de las secuelas físicas causadas por la tortura en prisión.

“He ocupado estos meses no solo para establecerme, sino para sanar el daño de todas las situaciones por las que nos hicieron pasar”, señala.

Además de enfrentar las dificultades de su madre y su familia para reunirse con él, el exilio también le ha permitido apreciar los detalles de la vida que antes no eran importantes.

Cerna Zúñiga no solo sobrevivió a las cárceles opresivas de Ortega, sino también a una bala de fusil y a un ataque de 13 horas a la iglesia Divina Misericordia en Managua. “Ahora no puedo decir si ha valido la pena, pero le doy gracias a Dios por estar vivo, eso sí. Hay mucho por hacer”, responde.

Samantha Jirón: amor en tiempos de guerra

Samantha Jirón, activista y feminista nicaragüense, es la más joven entre los 222 presos políticos desterrados. Aceptó la nacionalidad española, unos días después de su destierro y desnacionalización por órdenes del régimen.

A sus 23 años fue desterrada de su propio país tras participar en la rebelión popular desde abril de 2018.

Condenada por “traición a la Patria” y “menoscabo a la integridad nacional”, Jirón vivió, según sus palabras, el destierro como una violación total de sus derechos humanos, pero también como un respiro “para la verdadera libertad que pronto vendrá”.

“Deseo abrazar a mi familia y volver a mi hogar seguro en Nicaragua. A pesar de los desafíos, ahora duermo más tranquila. De a poco uno vuelve a vivir”, señala.

Jirón se integró al movimiento político «Monteverde», una organización que busca, según sus miembros, influir en la política internacional a favor de la oposición nicaragüense.

La activista explicó que su recuperación emocional es un proceso actualmente en curso. “He pasado por momentos difíciles como la depresión, pero ahora estoy enfocada en contribuir y recuperarme”, dice.

Agrega que su «recuperación no va a estar completa hasta que yo no tenga a mi familia y vuelva a sentirles, no importa en donde sea, en cualquier país, pero que pueda estar con mi gente y decir vuelvo a tener un hogar”.

Afirma que tiene planes de ir a estudiar a España y eso significaría «otro cambio, otro país, otra adaptación”.

En cuanto a su relación con Kevin Solís, otro desterrado por el orteguismo, Jirón compartió que ha ido muy bien.

Se conocieron en Costa Rica, comentó Jirón, pero no fue hasta subir al avión en el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino de Managua, que surgió el entendimiento.

«Miguel», otro de los desterrados

«Miguel» es otro de los 222 desterrados del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. A sus 27 años tiene intactas las aspiraciones de continuar sus estudios y obtener una maestría en Estados Unidos o en algún país de la Unión Europea (UE).

Sigue padeciendo las consecuencias de la crisis política en su país natal, y de su encierro y destierro.

“Las pesadillas siguen, la inestabilidad económica también está sobre mi nuca, y mi familia sigue encerrada en eso que no dejamos de llamar país”, explicó el comunicador social.

Pese a todo, Miguel ha demostrado resiliencia, según sus propias amistades, al continuar preparándose para un futuro académico y profesional más sólido.

Con la esperanza puesta en obtener una maestría, ha aplicado a diversas instancias que le darán respuesta en los próximos meses.

Destacó la necesidad de mantener el enfoque en sus objetivos, a pesar de las dificultades impuestas por el destierro y otras circunstancias secundarias. “Vamos a regresar en algún momento, porque el régimen caerá en algún momento, y vamos a necesitar muchos conocimientos para crear el país que merecemos a mediano y largo plazo”, señaló.

“No podemos dejar de denunciar lo que pasa en el país”, dice. “El sistema educativo vive un retroceso gigantesco en las ciencias, las letras, las artes y el humanismo, que marca ahora mismo a varias generaciones que no perciben desarrollo o bienestar básico”, dijo el excarcelado político.

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