Falta de agua potable, «evidencia de una exclusión histórica» en el Caribe de Nicaragua

Redacción / IP Nicaragua

Las comunidades indígenas en el país siguen sobreviviendo al «abandono» de las autoridades tanto locales como nacionales, que al paso de los años no han ejecutado proyectos de desarrollo para mejorar la calidad de vida de sus habitantes, que en su mayoría no tienen ni siquiera acceso al agua potable.

Los habitantes de los territorios miskitus, Li Lamni y Kipla Sait Tasbaika Kum de la Costa Caribe Norte, tienen que recorrer extensos caminos por al menos unos 20 o 30 minutos para conseguir el vital líquido y llevarlo a sus hogares.

La organización comunitaria PriLaka Community Foundation señaló que está problemática tiene un mayor impacto en la vida de mujeres y niños, quienes son los que cumplen con el rol de conseguir el agua, ya que los hombres se encargan de realizar otras funciones, como la agricultura, la pesca, etcétera.

Pese a que no hay un censo exacto del total de personas afectadas en ambos territorios, sobre todo por los desplazamientos forzados por la invasión de colonos, de las 27 comunidades que hay en Li Lamni, solo una tiene un ojo de agua que abastece a sus habitantes, las demás buscan en otras comunidades y ríos, incluso en Honduras.

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La falta de agua potable es una de las mayores necesidades en el Caribe nicaragüense.

Mientras que, en Kipla Sait hay 19 comunidades, este territorio también solo una comunidad tiene acceso a agua.

¿Cómo y dónde consiguen agua en el Caribe?

En un reportaje audiovisual, divulgado en sus redes sociales, PriLaka expuso que las mujeres, niñas y niños «caminan largas distancias con baldes en la cabeza, otros recorren por el río en cayuco en busca de lugares con buena agua y en el río Coco algunos recurren a fuentes de agua al vecino país de Honduras».

Sin embargo, no todas reciben fácilmente el agua, algunas comunidades como Santa Isabel y San Pedro (de Li Lamni) hacen largas filas para obtener el vital líquido de un único ojo de agua que existe entre ambas comunidades, situación que se vuelve muy crítica en época de verano.

«Mi comunidad enfrenta una problemática y es que de un mini pozo jaladas agua dos comunidades. En épocas de verano nos desvelamos para obtener agua para beber porque hay momentos que nos toca quedarnos hasta la madrugada esperando nuestro turno» expresó una comunitaria de Santa Isabel.

Ríos se han contaminando

No obstante, los ríos que sirven de abastecedores de agua a los pueblos indígenas de la moskitia se han visto afectados por la deforestación, la minería ilegal, así como el impacto de fenómenos naturales en la zona, como el paso de los huracanes Eta e Iota en noviembre de 2020 y la tormenta tropical Bonnie, en julio pasado, entre otros factores.

PriLaka, explica que aunque el río Coco ha sido la alternativa histórica para obtener agua, «en los últimos años se ha notado la contaminación debido a la deforestación, la minería ilegal y el uso de agroquímicos, y cipermetrina para la pesca».

Por su parte, un comunitario de Raití (territorio Kipla Sait), manifestó que tras el paso de Eta e Iota, han gestionado a través del gobierno de territorio indígena proyectos para instalar el servicio de agua potable, pero les dijeron que no se podía. «No se porque motivo», sostuvo.

«Vino la Alcaldía municipal de San José de Bocay, y dijimos que por lo menos aunque sea el pozo», añadió.

Al respecto, PriLaka, alertó que «con las inundaciones hay muchas afectaciones de salud. La gente muere de malaria y gripe».

Cruzan a Honduras a conseguir agua

El organismo agregó que comunidades como Kitaski, del territorio Li Lamni, tienen que cruzar al territorio hondureño para obtener agua de criques o quebradas.

«Cuando estábamos pequeños conseguimos agua de un río llamado ‘Waha Tingni’ no había mucha gente a orillas, era limpio. Pero, ahora que la comunidad se ha extendido y la gente habita a orillas se está contaminando», dijo un comunitario de Kitaski.

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Las mujeres son las encargadas de conseguir el agua en el Caribe, mientras los hombres hacen otras faenas.

A la vez agregó que el río se ha ido secando «porque se cortan los árboles, plantas de los alrededores» y en tiempo de verano, la comunidad tiene problemas para obtener agua de consumo «porque el río es sucio y de allí no se puede beber», señaló.

A raíz de esa situación de esa situación, optaron por cruzar a Honduras para traer agua del río «Yapuna».

«Pero ahora vienen los colonos a hacer postreros cerca de ese río y está también contaminado. Kitaski, tiene problemas para conseguir agua limpia», lamentó el comunitario.

En noviembre de 2002, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, adoptó la observación general No.15 sobre el derecho al agua.

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Largos trechos recorren en la búsqueda del vital líquido.

El artículo 1.1 establece que «el derecho humano al agua es indispensable para vivir dignamente y es condición previa para la realización de otros derechos humanos».

Asimismo recomienda a «los Estados partes adoptar medidas eficaces para hacer efectivo el derecho al agua sin discriminación alguna, como se establece en la presente observación general».

El 28 de julio de 2010, mediante la Resolución 64/292 la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho al agua y al saneamiento, como componente esencial del disfrute de todos los derechos humanos.

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Algunas fuentes de agua están contaminadas.

Exhortando a la vez a los Estados de promover y proteger todos los derechos humanos, que son universales, indivisibles, interdependientes y están relacionados entre sí, y que deben tratarse de forma global y de manera justa y equitativa y en pie de igualdad y recibir la misma atención.

PriLaka, añade que algunas organizaciones de cooperación al desarrollo han construido infraestructura de recolección de agua. Sin embargo, señalan que no se ha creado la infraestructura necesaria para que haya un adecuado mantenimiento, y agregan que esas infraestructuras no son útiles en verano.

«Las comunidades indígenas miskitas del Caribe, siguen sufriendo tras los abandonos históricos acoplándose a medidas extremas de subsistencia», señala PriLaka.

Reiteran que «el acceso al agua potable y saneamiento no sólo es un derecho también es un deber del Estado garantizarlo».

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