Covid-19 arrebata las vidas y el derecho a dar el último adiós

*OMS indica en su protocolo que “cadáveres no suelen ser infecciosos”.

Eva Inestroza y Alma Vidaurre

En Nicaragua, la pandemia de covid-19 está arrebatando las vidas de las personas y la oportunidad de las familias de dar el último adiós a su deudo, debido a que los entierros deben ser rápidos y sin velatorios.

La pandemia anuló toda posibilidad de realizar una misa de cuerpo presente. Desde hace cinco meses los entierros en Nicaragua se realizan con la presencia de pocos familiares, sin aglomeraciones.

“Eso no se ha podido hacer en este tiempo, eso definitivamente se suspendió”, señaló el padre Juan Domingo Gutiérrez Álvarez, de la parroquia San Agustín, ubicada en Altamira, en el municipio de Managua.

A partir de mayo, los nicaragüenses empezaron a ser testigos de una serie de “entierros exprés” que, en medio del ascenso rápido de la curva de casos, avivaron las dudas sobre las muertes por covid-19.

Las redes sociales se convirtieron en el aliado perfecto para hacer todo tipo de denuncias, igual como ocurrió durante el estallido social de 2018.

La transmisión, una alternativa

El 15 de mayo pasado, Luis Siero documentó a través de una transmisión de Facebook Live el entierro exprés de su progenitor, el capitán Cristóbal Siero, piloto de La Costeña.

“Yo voy detrás de él, es la única forma que tengo para que puedan acompañar al capitán Cristóbal Siero hacia su última morada”, narró el joven durante la transmisión, mientras avanzaba rápidamente detrás del vehículo funerario que llevaba los restos de su padre hacia el Cementerio Central de Managua.

Una semana antes, el domingo 10 de mayo, el piloto que perdió la batalla ante el covid-19, había sido ingresado en el Hospital Militar con todos los síntomas característicos de la enfermedad.

 

“Resistió hasta donde pudo (…) Su corazoncito no aguantó”, siguió diciendo su hijo durante la transmisión.

Ese día, después de recibir la noticia sobre la muerte de su padre, no hubo tiempo para los preparativos del funeral. Salió solo del hospital, directo al cementerio.

“No me dejaron velarlo en la casa por motivos de virus, pero me acompañan de esta forma (la transmisión), aquí voy solo detrás de él (…) Se me fue mi capi, se me fue mi papito”, decía consternado el hijo del piloto.

El drama de muchos

La noticia de que es portador del virus es el primer golpe que recibe la familia.

El drama aumenta conforme pasan los días, pues la mayoría está muriendo en aislamiento hospitalario, sin la compañía de la familia. Según los protocolos de salud, están prohibidas las visitas por el alto riesgo de contagio.

El 20 de mayo, Lisseth Ortiz Salgado dejó a su esposo Héctor Murillo en la sala de emergencias del hospital Alemán Nicaragüense en Managua, fue la última vez que lo vio con vida.

Siete días después, recibió una llamada de un miembro del personal hospitalario. Al otro lado del hilo telefónico, le informaban que su esposo había fallecido de un paro respiratorio a causa de una neumonía grave y que debía enterrarlo de inmediato.

«Ese fue el último día que yo lo vi con vida, lo agarré, lo toqué, lo abracé, lo besé, pero jamás, nunca pensé que iba a fallecer. Para mí que él iba a salir del hospital”, relata Ortiz en medio del llanto.

No era para menos, convivieron juntos durante por más de 20 años, tiempo en el que procrearon dos hijas. Habían convivido en unión de hecho durante 20 años y apenas se habían casado el pasado 24 de abril de 2020.

El día que Ortiz dejó a su esposo en las instalaciones del Hospital Alemán Nicaragüense, empezó el sufrimiento para ella y sus hijas, de 7 y 16 años. No volvieron a verlo, pues no les permitieron visitas.

«Yo le llevaba comida, pero no lo veía, solo hablaba por teléfono con los enfermeros que me daban la información del estado de él, y ellos me lo pasaban, pero era un celular sencillo, sin cámara, ni siquiera por vídeo pudimos vernos», lamenta Ortiz.

El día que le avisaron del fallecimiento de su esposo, no tuvo el valor de entrar al hospital y reconocer el cuerpo, sino que le pidió el favor a un amigo. Albergaba la ilusión de que no se tratara del padre de sus hijas.

«Yo iba con la esperanza de que se hubiesen equivocado», expresa.

Gloria Montano, de 47 años, también pasó por el drama que han vivido cientos de miles de personas en el mundo.

La OMS indica en su protocolo que “cadáveres no suelen ser infecciosos”. Imagen: IP Nicaragua.

El pasado 7 de junio perdió a su hermana mayor, Estela Montano, por causa del covid19. Montano afirma que falleció por “problemas respiratorios” estando en la casa y que nunca se le realizó la prueba para comprobar que tenía el virus, pero los médicos que la atendieron orientaron enterrarla de inmediato.

El drama familiar tocaba en lo más profundo a sus padres de 70 y 80 años, quienes tampoco pudieron realizar unas exequias donde participara toda la familia, amigos y vecinos.

«Como mis padres ya están ancianos, no les íbamos a dar la noticia ese día, pero un nieto de ellos, que es hijo de la fallecida, les dijo que su mamá había muerto. Mi mamá se desmayó, y cuando reaccionó dijo que a ella no le importaba lo que dijeran los doctores, ella le iba a dar el último adiós a su hija», narra Gloria Montano.

La anciana de 70 años se fue a la puerta del cementerio del municipio de Mateare a despedir a su primogénita, la mayor de sus siete hijos, a quien no miraba desde hacía un mes, debido a los síntomas que presentó inicialmente Estela y por lo cual permaneció en aislamiento en su propia casa.

Atendiendo pacientes

Desde el pasado 18 de marzo, cuando el Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, anunciaron el primer caso de covid-19, la rutina de trabajo, de recreación y hasta de los entierros cambió debido a la pandemia. Las familias no logran vivir el duelo.

“Producto de la pandemia, se nos ha retirado el poder vivir mejores lutos, el luto pues tiene su proceso sicológico y espiritual, se tiene que asumir, pero muchas personas han quedado con un luto como frizado”, explica el padre Juan Domingo Gutiérrez Álvarez.

El pasado 14 de junio, los familiares del doctor Adán Alonso, “el doctor del pueblo” de León, como le conocían, quien se dedicaba a atender pacientes con síntomas de covid-19, hicieron una transmisión a través de la misma red social.

“Apenas salimos del hospital, y como todos sabrán por la pandemia, no se le podrá realizar misa de cuerpo presente, ni un entierro como hubiéramos querido, pero aquí vamos acompañando a nuestro padre”, relató la doctora Magda Alonso, hija del reconocido médico.

Dictámenes disfrazados

Los cuerpos los entregan envueltos en bolsas negras. El ataúd no lo clavan, pero a los familiares tampoco se les permite el acceso para certificar que el cuerpo recibido es el de su deudo.

Uno de los cuidadores del cementerio municipal de Mateare, a quien llamaremos “Javier” manifestó que entre abril y la primera quincena de junio se realizaron varios entierros exprés, no obstante, desde julio pasado ha habido un notable descenso.

“Las cosas han cambiado, antes se hacían las misas de cuerpo presente y ahora no, van de un solo al entierro, rápido. En esos días más duros se hacían hasta seis entierros en un día, pero ahorita como que ha disminuido”, comentó el empleado del camposanto.

Entre abril y mayo circularon en redes sociales varias denuncias de que, en los hospitales, en el acta de defunción, se estaba poniendo que los pacientes fallecían por “neumonía atípica” y no por covid-19.

Aun así, se les ordenaba a los familiares enterrarlos como si fuese un caso covid-19.

Montano recuerda que su hermana Estela, unos diez días antes de su muerte, presentó fiebre, tos y dolor en el pecho, los síntomas que son propios de la enfermedad. Miembros de la familia intentaron llevarla al hospitalito de Mateare, pero ella se opuso todo el tiempo.

“En ese momento, en Mateare se estuvieron muriendo muchas personas que eran conocidas, por eso ella no quería ir al hospital. Pero, el 7 de junio amaneció muy mal, buscamos un taxi para llevarla al hospital, pero ningún taxista quería montarla», recuerda.

Ante la emergencia, fueron al hospitalito a solicitar una ambulancia, pero cuando regresaron con los enfermeros a la casa, su hermana ya estaba muerta.

“Le tomaron los signos vitales y dijeron que ya no podían hacer nada. Nos dijeron que la enterráramos de inmediato, porque era covid-19, sin embargo, cuando nos dieron la epicrisis decía que había fallecido por neumonía contagiada en la comunidad”, cuenta.

Recomendaciones OMS: Manejo del cadáver y rituales

La Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió en marzo pasado un protocolo que establece medidas relacionadas con la prevención y control de infecciones en la gestión de cadáveres en el contexto del covid-19.

En el documento explican que, salvo en casos de cólera, el ébola o la fiebre hemorrágica de Marburgo, los “cadáveres no suelen ser infecciosos”.

“Hasta la fecha no hay pruebas de que alguien se haya infectado por exposición al cadáver de una persona que haya muerto a causa de la covid-19”, detalla la OMS.

De acuerdo con esta organización es preciso “respetar y proteger en todo momento la dignidad de los muertos”, las tradiciones culturales y religiosas, así como a sus familias.

“Los familiares y amigos pueden ver el cadáver una vez que se haya preparado para el entierro, si es esa la costumbre local, pero no deben tocarlo ni besarlo. Además, deben lavarse bien las manos con agua y jabón después de verlo”, señala la OMS.

Los “entierros exprés” aumentaron el luto entre las familias. Foto: Maynor Valenzuela / IP Nicaragua.

En marzo pasado, la iglesia católica suspendió todas las actividades religiosas en el país.

Debido a la pandemia, los guías espirituales se han adaptado a las nuevas tecnologías para realizar las actividades de responso, además que habilitaron una línea telefónica para que hagan sus peticiones.

“Muchas personas han encomendado a sus seres queridos en las celebraciones, hacemos un responso pidiendo la misericordia del Señor a favor del difunto y pidiendo la fortaleza para la familia (…) En el templo no ha habido celebración de cuerpo presente, pero nosotros nos quedamos con todo lo bueno que fue el ser querido y eso nos ayuda a consolarnos”, padre Juan Domingo Gutiérrez Álvarez, de la parroquia San Agustín.

Se violan derechos humanos

El abogado, Denis Darce, del equipo jurídico de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), sostiene que el Estado es el principal responsable de tutelar y garantizar los derechos de la población.

“El Estado, como principal responsable de tutelar y garantizar derechos humanos, está violentando los derechos de todos, en primer lugar, el derecho a obtener información que le permita cuidar su salud”, afirma Darce.

El artículo 8 de la Ley General de Salud, aprobada en el 2002, establece que los usuarios del sector de salud, tanto público, como privado, tienen derecho al acceso de “servicios garantizados”.

“Si hubiese una voluntad política, habría la posibilidad de aplicar esos estándares y esas medidas”, refiere Darce.

La ley establece que el usuario de los servicios de salud tiene derecho a “ser informado de manera completa y continua, en términos razonables de comprensión”.

En el caso de Lisseth Ortiz, cuando su esposo presentó los síntomas relacionados al covid-19 en los primeros días de mayo, lo trató en la casa con medicamentos, té y aislado en un cuarto.

Al notar que no mejoraba, lo llevó al hospital Bautista, pero el costo para atender a un paciente con probabilidades de tener covid-19 era de 4,000 dólares, según le indicaron en este centro asistencial que es de carácter privado, por lo que cual lo trasladaron al hospital Alemán Nicaragüense, que es uno de los 19 hospitales seleccionados por el Minsa para atender pacientes con sospecha o confirmados con la enfermedad.

“Cuando llegamos al hospital me dijeron que lo pusiera en una camilla, lo dejaron ingresado y me dijeron que me tenía que ir porque podía contagiarme”, expresa Ortiz.

Según el abogado de la CPDH, el hecho de que el Ministerio de Salud (Minsa) esté ocultando las “cifras de las personas contagiadas, afectadas o enfermas de coronavirus” constituye una clara “violación a los derechos humanos con respecto al derecho de obtener información veraz, científica y actualizada”.

Oficialmente, hasta el 11 de agosto, solo se reconocen 128 fallecidos y 4,115 casos positivos de covid-19. Mientras que, el Observatorio Ciudadano revela un registro de 9,436 casos y 2,591 muertes.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha pedido información al Gobierno en reiteradas ocasiones, pero a la fecha no se las comparte, afirman representantes de este organismo.

La Constitución Política de Nicaragua también establece en el artículo 59 que los ciudadanos tienen derecho, “por igual” a la salud.

“El problema de Nicaragua es prácticamente el manejo partidario discrecional que se hace de la información, más allá de los intereses de la salud de la gente, como antecedente, tenemos que el Ministerio de Salud ha sido también un instrumento de la represión que se dio, y que se agudizó, a partir de abril de 2018”, mencionó Darce.

La carta magna también señala que corresponde al Estado “dirigir y organizar los programas, servicios y acciones de salud”, además debe promover la participación popular en defensa de la misma.

En Nicaragua, el Gobierno no dictó medidas a lo inmediato como hicieron en otros países donde se mandó a la población a quedarse en casa, mantener la distancia y evitar aglomeraciones. Aquí, ni siquiera se ordenó la suspensión de clases. Situación que se ha mantenido igual durante todos los meses de la pandemia.

El epidemiólogo, Rafael Amador, recordó que ante la inacción del Gobierno de Nicaragua le tocó a la sociedad civil asumir el rol de comunicadores para tratar de ser un “canal de información más científico” a toda la población.

“No todo el mundo maneja la misma información, porque no hubo una estrategia clara de comunicación única de que se hablara claramente a la población de cómo abordarlo y eso provocó muchas contradicciones, incluso politizó el asunto. El gobierno decía una cosa tratando de minimizar el impacto en el país, desacatando las recomendaciones de la OMS y sin criterio científico en la toma de decisión”, dijo Amador.

El 1 de mayo pasado, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) también llamó a los estados miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) a respetar y garantizar los derechos de familiares de las personas fallecidas en el marco de la pandemia de la covid-19 y “permitir los ritos mortuorios de manera adecuada a las circunstancias”.

Vivir el duelo

La doctora Yelba Godoy, neuropsicóloga clínica y especialista en demencia del Centro de Neurociencias del Hospital Vivian Pellas, explica que, en una transición de este tipo, el cerebro racional y el cerebro emocional no logran comprender el impacto de enterrar a un ser amado sin los rituales a los que están acostumbrados cada familia.

La especialista sostiene que, lamentablemente, en este contexto son orientaciones de las autoridades sanitarias y hay que cumplirlas para evitar el contagio, por muy duro que el proceso sea.

«El sistema de salud nos dice que hay que enterrarlos, porque si no esto va hacer un foco de contagio (…) para preservar a la comunidad, a la familia, se están haciendo estos entierros exprés que, en muchos casos, ni siquiera se abre el ataúd de nuestro ser amado para ponerle una flor, un rosario, lo que cada uno considere», manifiesta la especialista.

Ortiz reconoce que quizá ese su problema ante la crisis que enfrenta por la pérdida de su esposo.

«Yo creo que ese es mi problema. Yo me siento con ese vacío que no pude despedirme de él, como lo hacen normalmente las personas que pierden un familiar, que los velan, los visten, él se fue con una sábana blanca, iba desnudo porque no dio chance de vestirlo», revela Ortiz.

Mientras tanto, la doctora Godoy indica que el proceso de duelo es un drama que no se puede obviar, y que cada persona lo afronta individualmente.

“En sí, el duelo es una experiencia individual, aunque tengas a quinientas personas alrededor tuyo, cuando perdés a un ser amado es una experiencia individual», explica la especialista.

Agrega que es un reto grande entrar a esa etapa, por lo que hay muchas reacciones, pero el mismo camino del duelo es el único que puede hacer que las personas se recuperen de un inmenso dolor.

«Necesariamente esta experiencia de dolor tiene que traernos a la resurrección, también. Es decir, aceptar que esa persona ya no está con nosotros y no hay receta que permita eliminar el dolor, no hay un analgésico que nos permita quitar ese dolor inmenso, pero hay sugerencias para llevar el duelo de una mejor manera», sostiene Godoy.

Las noticias del duelo no se deben ocultar, sostiene. Además, advierte que a las personas siempre se les debe de informar, dependiendo de su estado emocional y de salud, que su ser querido falleció, recomienda.

“Es un derecho saber que nuestro ser amado, nuestro padre, hijos, hermanos han fallecido, porque si nosotros evitamos decir, lo que vamos hacer es a complicar más el duelo”, advierte.

Para Gloria Montano, es muy difícil aceptar que su hermana falleció. A veces piensa que es un sueño y quiere despertar del mismo.

“Rápidamente vuelvo a la realidad y me doy cuenta que perdimos a una hermana y ahora estamos con este dolor y luto en la familia, es una pérdida irreparable», expresa.

De acuerdo con Godoy, el duelo tiene dos ciclos, la negación y el impacto.

“Una de las características del duelo es la negación, nuestro siquismo lo expresa, y decimos no es posible, me están mintiendo, los médicos se confundieron, etcétera», precisa.

Después, viene el impacto “emocional y el shock, que es cuando ya caes en la cuenta y aceptas que ese ser amado ya no está con nosotros”, indica la especialista.

Mientras tanto Ortiz trata de disimular el vacío que ha dejado su esposo. Todos los días mientras está acostada, pone almohadas a la par de ella para creer que su esposo está ahí, a su lado.

“Usted no sabe lo que es dormir con una persona por 21 años y que de repente ya no esté, de repente todo cambia”, dice Ortiz, sin poder contener las lágrimas.

Foto portada: Maynor Valenzuela. 

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