Aprendiendo a lidiar con huracanes en Nicaragua: la dificultad de superar el desastre

Los huracanes traen vientos destructivos y lluvias torrenciales que causan inundaciones y afectan a grandes poblaciones.

Redacción / IP Nicaragua

Por muchos años los nicaragüenses han sido testigos de la desolación, destrucción y muerte que puede causar un huracán.

Los huracanes suelen traer vientos destructivos y lluvias torrenciales que causan inundaciones. Una tormenta puede causar estragos a poblaciones enteras.

Norwin Hodgson es habitante del barrio El Muelle, un barrio ubicado en Bilwi donde sus pobladores todavía intentan levantarse después de un año tras el paso de los huracanes Eta e Iota. El Muelle es el barrio donde más destrucción dejaron los ciclones.

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“Esta fue una de las zonas más afectadas por los dos huracanes que pasaron hace un año, prácticamente nos dejó en la ruina, después del huracán Eta quisimos levantarnos, pero con el segundo (Iota) se nos llevó todo lo poquito que habíamos encontrado”, señaló Hodgson.

Eta fue la tormenta número 28 de la temporada en 2020 y se convirtió en el huracán número 12 el 2 de noviembre, tras formarse en el Mar Caribe.

El 3 de noviembre, Eta impactó al sur de Bilwi como un huracán de categoría 4 y se desplazó lentamente a través del norte de Nicaragua y hacia el este de Honduras, el noreste de Guatemala y luego el Caribe hasta el 6 de noviembre.

Eta entró a territorio nicaragüense con vientos sostenidos de 230 kilómetros por hora provocando inundaciones, principalmente en Triángulo Minero de la Costa del Caribe Norte.

Apenas dos semanas después del impacto de Eta, el 17 de noviembre, el huracán Iota de categoría 5 tocó tierra cerca de la comunidad de Haulover, a unos 45 km al sur de Bilwi, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte (RACCN). Solo a 11 kilómetros de distancia donde impactó Eta.

Iota trajo vientos más fuertes que alcanzaron una velocidad de 260 kilómetros por hora. El Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) lo calificó como el huracán más fuerte que ha tocado tierra en Nicaragua desde que se empezó a registrar la actividad de los ciclones tropicales.

Las lluvias y los fuertes vientos afectaron a muchas de las mismas zonas que habían sufrido el impacto devastador de Eta.

“Al paso de un año estamos aquí tratando, intentando salir adelante, aunque no tenemos el medio, recursos para poder hacerlo. La casa de mi mamá de poco a poco hemos ido reconstruyendo, pero no hemos podido”, señaló Hodgson.

Los recuerdos del Mitch

El Mitch, un huracán de categoría 5, el nivel más alto posible en la escala internacional Saffir-Simpson tocó territorio nicaragüense a finales de octubre de 1998.

El 24 de octubre de 1998 las inundaciones empezaron a aislar e inmovilizar a más de la tercera parte de la población nicaragüense y a finales del mes los ríos, lagos y lagunas se habían desbordado. Las aguas del lago Xolotlán, en Managua, subieron cuatro metros, según registros­­.

El país, que ha sufrido históricamente grandes desastres naturales, quedó incomunicado. Se reportaron daños en la infraestructura del país, a la producción agropecuaria e industrial, a la ecología, y sobre todo a la gente.

Seis después sobrevino la tragedia. El 30 de octubre de 1998 se registró el deslave del Casita, un volcán ubicado a unos 130 kilómetros al noroeste de Managua, donde piedras y lodo sepultaron a más de 2,000 personas, como consecuencia de las lluvias causadas por el huracán Mitch. Fue una escena terrorífica.

Así como el Mitch, en estas últimas tres décadas, Nicaragua ha tenido que enfrentar fenómenos similares.

Félix fue también destructor

En septiembre de 2007 un nuevo huracán que recibió el nombre de Félix se formó en el Océano Atlántico, era el segundo de la temporada en ese año.

Su desarrollo fue acelerado y el 4 de septiembre tocó tierra en la costa noreste de Nicaragua, donde previamente las autoridades decretaron alerta roja en la zona norte y sur del Caribe nicaragüense, y alerta verde en el resto del territorio.

Félix fue igual de destructor a su paso por Nicaragua donde dejó severos daños materiales, debido a que hizo colapsar la comunicación terrestre y destruyó totalmente cerca de 7,895 viviendas y otras 400 parcialmente, sin contar que cobró 67 vidas.

Agustín Moreira, director del Observatorio de Fenómenos Naturales (Ofena) explicó que Nicaragua por su posición geográfica hace al país más vulnerable ante estos eventos de la naturaleza.

Las fallas geológicas y volcánicas que hay en el corredor también pone en una situación de riesgo al país centroamericano.

“Estos eventos lo que hacen es que tengamos algunas variaciones que debemos irlas modificando y adecuando para poder hacer frente a este tipo de embates ocasionales y no con una misma forma de actuar”, dijo Moreira.

Comportamiento climático

Moreira explicó a IP Nicaragua que los comportamientos climáticos están estrechamente ligados con el fenómeno de El Niño que puede ser neutral o normal, es de posibles precipitaciones, o con una incidencia que puede provocar sequía.

Cuando se da la unión de El Niño y La Niña se producen cambios a gran escala y favorecen la formación de huracanes como ocurrió el año pasado con la presencia de Eta y Iota, dos huracanes que provocaron daños en la zona del caribe nicaragüense.

“Estamos viendo situaciones extremas como la de 2015, sequía, extremas como el caso del Mitch, Juana, Iota y Eta que son los extremos de La Niña y este año que tuvimos la presencia del fenómeno de El Niño neutral con una irregularidad de periodos lluviosos y que nos benefició cuando se encontró con La Niña que nos sigue generando unas condiciones de posibles precipitaciones”, explicó Moreira.

Nicaragua aún tiene «un largo trecho por recorrer» para prevenir y mitigar los riesgos de desastre generados por huracanes, tormentas tropicales e inundaciones por lluvias asociadas a estos, advierte el experto.

“Los retos de Nicaragua relacionados a los fenómenos naturales son bastante inciertos debido al cambio climático y el calentamiento global, tenemos una modificación constante con relación al comportamiento climático y eso nos está generando que las alternativas que se están presentando de respuesta ante estos riesgos se estén modificando y adecuando continuamente”, explicó Moreira.

La temporada de huracanes en el Atlántico es del 1 de junio al 30 de noviembre de cada año. Siempre es importante estar preparado para un huracán.

Cómo prepararse para un huracán

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) es una agencia nacional de salud pública de Estados Unidos, que está bajo la dirección del Departamento de Salud y Servicios Humanos​ y tiene su sede en Atlanta.

Los CDC recomiendan a las familias prepararse ante un eventual huracán siguiendo estos consejos básicos para garantizar que estén seguro si se produce una tormenta.

Obtener suministros de emergencia

Abastezca su casa con suministros de alimentos, agua y medicamentos de emergencia.

“Yo siempre he dicho mantengan agua, porque se va a la energía se va el agua y se debe tener una reserva principalmente por los niños, vivimos en un país altamente de riesgo y debemos prepararnos con un botiquín de emergencia y alimentos perecederos”, señaló Moreira.

Elaborar un plan de emergencia

Cree un plan familiar para casos de desastre que ayude a salvaguardar las vidas que es lo más importante frente a una emergencia de esta naturaleza.

“Al momento de estos eventos nadie nos va a socorrer al instante, debemos de tener nosotros mismos nuestro plan de emergencia”, agregó el director de Ofena.

Prepárese para las evacuaciones

Nunca ignore las órdenes de evacuación y preste siempre atención al llamado de las organizaciones locales sobre los sitios para evacuaciones y refugios.

Proteja a las personas mayores

Sepa sobre la salud y los problemas médicos de las personas mayores.

“Debemos identificar los de mayor riesgo en nuestra familia como mujeres embarazadas, adultos mayores y saber cómo están sus medicinas”, insistió Moreira.

Proteja a sus mascotas

Haga planes para garantizar la seguridad de sus mascotas antes, durante y después de un huracán.

Guardar distanciamiento social

En esta temporada de pandemia es importante seguir las recomendaciones de distanciamiento social para protegerse y proteger a los demás de la Covid-19.

Además de prepararse para los huracanes, es importante que tome medidas para mantenerse seguro después de que terminen; como por ejemplo evitar las áreas inundadas o de posibles deslizamientos de tierra.

México y Costa Rica, según expertos internacional, cuenta con instrumentos jurídicos, institucionales y presupuestales para hacer frente a este tipo de fenómenos, pero Nicaragua y Honduras son dos países de la región con déficits sociales importantes que los dejan como los más expuestos a estas catástrofes.

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