Excarcelada pide la libertad de su hijo.

En carretera vieja a León, se encuentra Martha del Socorro Ubilla. Tiene 60 años de edad, es madre soltera, vive en el barrio Raúl Cerna Es trabajadora del hogar y actualmente desempleada, estuvo presa durante nueve meses en 2018, el mismo tiempo que su hijo Marvin Castellón de 23 años. Salieron de la cárcel en 2019 bajo la Ley de Amnistía, pero su hijo fue recapturado el 23 de marzo de 2020. 

Martha también decidió exponer sus vivencias en algunos días de diciembre de 2020. De acuerdo con su testimonio, es víctima de asedio esporádico de parte de la Policía, aunque señala que siente vigilada de una u otra manera hasta por algunas personas del barrio.

08 de diciembre. La petición a la virgen.

– Es el día de la Conchita, la inmaculada Concepción de María, me invitaron al Rosario, donde la vecina, pero no podré ir, le pediré hoy a la Virgen que mejore mi salud ya que siempre le rezo en silencio en mi casa, antes yo celebraba La Purísima, pero ahora no puedo. Voy a limpiar la casa y hacer algo de comida.

Me siento mal, estoy padeciendo de problemas en el corazón y la presión se me sube junto con el azúcar, sobre todo cuando pienso en lo duro que es la cárcel y que mi hijo sigue allá sufriendo injustamente. Hoy que veo mucha gente reunida con sus hijos en sus casas celebrando la Purísima, me hace falta Marvin, él me ayudaba con mis hijas a celebrar la Purísima, a arreglar el altar y a repartir las cosas.

El día se pasa rápido, ya es de noche, son casi las siete, ni pude salir, creo que lo haré mañana, tengo que ir a comprar unas cosas y a visitar unas amistades, ojalá no me persigan los paramilitares.

En estas horas es cuando más me acuerdo de mi hijo, sobre todo cuando veo en el cuarto la imagen de la virgen María. Cómo la estara pasando allá adentro de la cárcel, sin poder salir, sin comer bien, y para rematar, parece que allá viene una patrulla, mejor me alejo de la puerta, los hombres esos, están viendo para acá adentro.

Mejor voy a cerrar y voy a ver televisión. Tendrán que aburrirse y que se vayan.

23 de diciembre. Recordando la detención de Marvin

Hoy me siento mal de nuevo. Esta mañana me estoy acordando que se cumplen diez meses de que la Policía vino a la casa, que entraron a la fuerza y sacaron a mi hijo como a un ladrón a empujones. Realmente pensé que esa pesadilla iba acabar pronto, pero el tiempo sigue avanzando, ya casi un año y sigo en las mismas. Dios quiera que Marvin vuelva pronto a la casa. 

Allí se oye una patrulla, seguro vienen de nuevo a ver si estoy acompañada, ellos se imaginan cosas, ni me puedo reunir con algunas amistades o familiares, porque ya nos asedian, creen que planeamos alguna protesta Azul y Blanco y con todo razón la haría, pero no quiero que después la agarren contra mi pobre hijo, hasta flaco me lo tienen, la última vez que fui a visitarlo lo miré como que ha bajado hasta 20 libras. Que Diosito me lo proteja.

Como a esta hora a las 8 de la mañana del 23 de marzo vinieron unos hombres vestidos de civil a mi casa, me acuerdo que llegaron de forma amistosa preguntando por el papá de mi hijo, mi ex pareja. Me acuerdo que ese día fue mi hijo que inocentemente los atendió, esa plática no se me olvida, yo estaba en la cocina y oí todo.

“–Buscamos a tu papá

— no– dijo mi hijo– Mi papá no vive aquí.

Le pidieron un número de teléfono a él, porque le propusieron trabajar entregando a los chavalos Azules y Blancos (opositores), a todos los líderes que conociera, yo digo que para ir a matar. Entonces, mi hijo se negó, les dijo que ese tipo de trabajo de sapo o de soplón no lo haría. Yo creo que a ellos eso les dolió que mi hijo les dijera no hacerlo.

Más tarde al mediodía vino una patrulla llena de policías, se bajaron como locos y entraron casi corriendo a la casa sin ni siquiera dar las buenas tardes, algunos de ellos sin capuchas y otros encapuchados que estaban en las patrullas. Yo les salí al frente y les pregunté qué querían en mi casa, la cual es bien sencilla, muy humilde, el piso es de tierra y tenemos un cerco de alambres, hasta los perros se alborotaron cuando los policías se metieron, y solo me dijeron entréganos a Marvin que va de viaje con nosotros. Eso jamás, les dije, pero mi hijo estaba cerca en el cuarto en short y en chinelas escuchando música cuando inmediatamente entraron y lo sacaron a empujones. Yo les gritaba que lo soltaran que no era ningún delincuente, pero ni caso me hicieron, me dejaron un solo desorden, todas mis cosas dentro de mi casita patas para arriba

Hoy siento un profundo vacío, debido a la ausencia de mi hijo. Mi hijo me está haciendo mucha falta hoy, porque siempre ha estado conmigo, no se separaba de mí.

31 de diciembre. Humillada en La Modelo

Hoy 31 me alisté temprano para ir a visitar a mi hijo a La Modelo. Nos habían dicho que los podíamos ver por ser el último día del año, pero fui de balde (en vano). Yo visito a mi hijo dos veces al mes.

Ya estoy de regreso en la casa, gracias a Dios hoy no he visto a la Policía, pero me siento con la mayor desilusión ya que no pude ver a mi hijo, esperé más de 3 horas sin poderlo ver, y lo peor es que este mes hubo indultos, nos decían que estuviéramos atentas que iban a salir muchos presos, pero que va, solo salieron delincuentes, mi hijo nada.

He sido víctima de grandes humillaciones, tanto de gente allegada al gobierno como de la Policía sandinista y la Policía del sistema, por ser madre de un preso político nos tratan mal, nos dejan de último y nos miran como animales.

Yo vivo presa política encerrada en mi propia casa, es cierto que no estoy en una celda, pero estoy encerrada en mi casa. Yo no puedo salir libremente porque ya me siguen o paramilitares o me siguen los policías, aunque no me detienen, me vigilan cada paso que doy.

Al comienzo de que mi hijo cayó preso, venían dos patrullas,  una  se parqueaba en la  esquina de la otra manzana y  la segunda patrulla por delante de mi casa, además los paramilitares qué están haciendo como que están cobrando, ofreciendo, pero son paramilitares.

Esos me han seguido inclusive hasta haciendo compras de mis verduras en el mercado. Ni la Purísima pude gritar el 7 porqué capaz ellos mismos se vienen a meter los paramilitares y me asaltaban en mi propia casa.

Son como cuatro veces a la semana que vienen los policías, pero el asedio civil la persecución es permanente. Producto de eso, he estado completamente nerviosa, me siento cada vez peor de salud

01 de enero de 2021. Las torturas marcan la vida

Hoy que comienza el año, me siento igual de mal, con mi pensamiento en las celdas, aunque hoy no he visto patrullas ni paramilitares, seguro que, si salgo, ya van estar allí, pero lo que siempre me preocupa es cómo estará mi hijo.

En 2018 cuando me llevaron al Chipote junto a mí hijo fui víctima de insultos y apretones en las manos con las esposas, también fui testigo de los golpes y torturas psicológica que le dieron a mi hijo, cuando le gritaban y le ponían la pistola en la cabeza, eso nunca lo voy a olvidar y eso me sigue preocupando.

Mi hijo bien sabe cómo yo me expongo y me voy a exponer hasta verlo libre, no sólo a mi hijo, sino a todos los presos políticos y presas que hay, porque yo fui también encarcelada y se lo que es, estar ahí en esas mazmorras, en donde yo sufrí vejámenes, que ni mis comidas entraban, ni botella de agua, ni mis medicamentos.

Estoy esperando en Dios– sólo en Dios– confío en él. Qué mi hijo va a salir, junto a la par de los otros muchachos que están allá.

“He quedado sola, mis hijas no me visitan por miedo de entrar a la casa y ya no poder salir por la Policía o los paramilitares. No le trabajo a nadie, pero me regalan una tarjeta para comprar comida, con la que medio resuelvo.

A veces llamo a personas, amistades a pedirles y me ayudan con 50 con unos 100 pesos. Pero no todo el tiempo porque me da pena. Un trabajito no puedo tener porque un día amanezco asediada y ya no salgo por temor.

El papá de mi hijo es excarcelado político también. Seguro por eso a él lo buscaba la Policía en mi casa. Él nunca ha vivido con nosotros, pero de vez en cuando visitaba a mi hijo. Ahora está fuera del país se tuvo que ir, está exiliado porque el asedio era constante en su casa. Vendió una casa para que no lo asediaran y dieron con él a donde él estaba. En fin, no he tenido una despedida de año como quería, ni creo tampoco tener un año nuevo feliz con mi hijo, es un calvario.

Le quiero decir que el gobierno dice que nosotros las madres sí andamos jodiendo, sí vamos a joder y a joder, hasta que nuestros presos estén libres, verlos en nuestras casas. Además, pido y seguiré pidiéndole al señor que le dé sabiduría a este gobierno tan duro que tiene su corazón de que nos entreguen a nuestros hijos, porque ya no soportamos nosotras las madres estar sin ellos.

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