Policías y paramilitares vigilan a doña Estela

Karen Lacayo, la hija mayor de Estela Rodríguez, ha dejado su vivienda y se ha trasladado para acompañar a su madre. La ha seguido su esposo y su niño. La salud de la progenitora se ha empeorado. La diabetes que padece se le está agravando y debe tomar sus pastillas para controlarse.

La vida para ella no ha sido fácil. Tuvo dos hijos, uno de ellos ahora encarcelado. Su esposo fue asesinado en la guerra durante 1979, cuando Edward tenía cinco años. Desde esa fecha ha trabajado sola para mantenerlos. Han vivido en Monimbó, donde tenían un molino como medio de trabajo, el cual ahora está cerrado. En ese mismo local, Edward también tenía un taller de hojalatería. Allí fabricaba sillas de metal, faroles y ventiladores para cocina. Este barrio ha sido la cuna de la resistencia de los opositores: en 1979 contra la dictadura de Anastasio Somoza y en 2018 versus Daniel Ortega.

La casa de Estela es constantemente vigilada por policías y en ocasiones civiles armados, que ella señala como paramilitares, se estacionan frente a la vivienda. El asedio les causa temor de salir y además provoca que el azúcar se le suba a la madre.

La hija narró a través de un video que la Policía cumplía una semana entera de estarla asediando diariamente el jueves 09 de diciembre. Ese día no las dejaron salir de la casa, cuando pretendían abordar un taxi para ir a ver a un médico, las obligaron a regresar.

En solo una semana de monitoreo en contra de esta familia, la Policía pudo haber gastado más de 25 mil córdobas,  según cálculos de algunos economistas, sumando el salario de los 6 oficiales que llegaron al frente de la casa, el gasto del combustible, inversión en comunicaciones, alimentos y la depreciación del vehículo. Con este dinero al mes se pudo haber pagado el trabajo de  al menos 5 obreros agrícolas ó  4 enfermeras en cualquier hospital.

La hija de Estela documentó distintas fechas de diciembre de 2020 para exponer las violaciones a los derechos humanos que se  comete  en contra de ellas. A su criterio solo por ser la familia del preso político Edward Lacayo.

Martes 22 de diciembre de 2020

Faltan dos días para Navidad y ella cuenta: –Desde que detuvieron a mi hermano, mi mamá, mi esposo y mi niño, vivimos una pesadilla interminable, la Policía y los paramilitares no nos dejan en paz. Mi mamá es la más afectada, ella se pone caliente el cuerpo porque se le sube la presión, cada vez que escucha el ruido de un vehículo se imagina que viene la Policía y efectivamente así es, no hay día que la Policía no venga a esta casa, a veces solo pasan rondando, pero la mayoría de veces se parquean enfrente o a media cuadra y se quedan hasta por dos o tres  horas.

Hoy es martes 22 de diciembre desde temprano están allí en frente. Hay una patrulla con varios policías, no sé cuántos. No podemos ni salir al mercado porque nos siguen, nos vigilan cada paso que damos, aunque a veces me tengo que arriesgar para ir hacer mis compras.

Es de noche la Policía ha pasado varias horas allí, viendo que hacemos y aún siguen, yo no sé qué es lo que quieren, están violentando mis derechos como toda ciudadana de caminar libremente, de salir libre de mi casa, me tienen secuestrada, presa en mi propia casa.

Jueves 24 de diciembre. Adiós cena navideña

Mi mamá se siente con nervios de nuevo, le toqué las manos y está sudando, está helada, de seguro se le bajó la presión, a pesar de que es 24, un día en que todo mundo debería estar en su casa preparándose para la cena, mi familia no tiene paz, ni tranquilidad, la Policía nos ha robado la paz desde hace casi un año, que barbaridad, por qué tanto odio.

Son las seis de la tarde y yo le quiero preparar una cena a mi familia, especialmente a mi madre que sigue enferma, pero que va, ya acaba de pasar la patrulla, al rato se vienen a parquear y mi mamá ya los vio. Con eso tiene de nuevo para enfermarse y yo también me pongo nerviosa, porque la Policía casi siempre pasa de dos a tres veces por día y hasta se parquean por más de dos horas en la calle.

Feliz año nuevo por WhatsApp

La Policía pasa diario por la calle donde vive Estela con Karen, se parquearon en diciembre eventualmente de dos a tres veces por semana, también dos paramilitares pasan por la cuadra cuando no lo hace la Policía.

Karen continúa contando lo sucedido el 31 de diciembre de 2020.

-Es jueves 31, último día del año, temprano pude hacer algunas compras en el mercado para traer a la casa y más tarde hacer una comida para mi mamá, mi esposo y mi niño, aunque creo que estaremos solas, mi esposo se llevará el niño a otro lado, porque aquí es peligroso, ya nadie de la familia ni los amigos nos visitan.

Ya es de noche, las patrullas pasaron, aunque no se quedaron enfrente, en cualquier momento regresan, nunca se sabe. Vamos a comer temprano para luego tratar de descansar, es mejor cerrar las ventanas para no verlos.

Me han entrado varios mensajes al WhatsApp, son saludos de algunos familiares, preguntando de mi mamá, otros con mensajes de voz, deseándonos un feliz año nuevo, por temor nadie nos visita debido a la presencia de la policía, la gente ya no viene a mi casa, porque cuando venían la policía les tomaba fotos, se miraba que anotaban en el celular y cuando salían les pedían identificación y los amenazaban, así nos corrieron a las visitas.

En otros años la pasamos todos juntos con Edward y con otros familiares que venían a vernos, siempre hacíamos una cena de despedida de año con algo de música, a veces hasta con marimba, aun con los problemas que uno pueda tener siempre estas fechas eran alegres, pero ahora es distinto.

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