Todos sus hijos encarcelados

En un barrio de Managua que omitiremos el nombre,  vive la señora Claudia Arana Garay, quien tiene algo en común con doña Estela Rodríguez y Karen Lacayo. Es otra madre de tres jóvenes presos políticos, e igual que la familia Monimboseña, sufre de hostigamiento policial constantemente.

Claudia es madre soltera, sobrevive trabajando de lavado y planchado, también vende ropa cuando puede para conseguir más dinero, debido a que sus hijos Ángel Sebastián (18 años), Richard de Jesús (20) y Adrián Alexander (23 años), de apellidos Martínez Arana están en la cárcel. Los tres estuvieron presos en 2018 por participar en las protestas, fueron liberados en 2019 y recapturados en 2020. Llevan 11 meses de cárcel.

Esta madre cuenta que el asedio policial es poco en comparación a otras mujeres, porque a ella solo la llegan a vigilar en ocasiones cuando ven más de tres personas, ya sean amigas o familiares que la visitan, contrario a otras madres de presos políticos que le han comentado que casi a diario las asedian.

09 de diciembre. Sobreviviendo al Covid-19

-Me siento muy enferma, con tos seca, calentura y gripe, tengo todos los síntomas del Covid-19, pero no puedo ir al hospital, la Policía me vigila desde que detuvieron a mis hijos, pero Dios es grande y me ayudara por mis hijos, porque ellos no tienen a nadie más que a mí. Desde que se los llevaron vivo enferma, he perdido más de diez libras, ahora sufro mucho, porque verme en mi casa sola sin mis hijos, me ha hecho bastante daño a mi salud física y mental, porque casi a diario los lloro.

Gracias a Dios hoy no vi a la Policía rondando, pude ir donde mi madre, ella cómo puede me ayuda, me consiguió un medicamento y unos remedios caseros, también me dio comida para traer a mi casa, ojala no le haya pasado el virus.

Ya es de tarde, me dio un poco de calentura y un ataque de tos, pero Dios es grande y me voy a curar.

Mejor llamo al número que me dieron de un médico que atiende por celular y orienta a los pacientes con Covid. Le mandaré un audio, tal vez me responde, para ver qué me dice del medicamento.

Doctor disculpe que le mande este mensaje, pero me siento un poco cansada y tengo tos, creo que es Covid-19, mi mamá me dio unas azitromicinas, me las estoy tomando, pero, ¿qué más debo hacer?

El médico me contestó: lo primero que debe hacer es tratar de no salir, no se exponga, le recetaré algunas medicinas que debe mandar a comprar y por favor no se auto medique. Le voy hacer unas preguntas…

24 de diciembre. Regalo para las nietas

-Ya me siento mejor, creo que gracia a Dios, el virus no me dio muy fuerte. Con las orientaciones del médico y los remedios caseros que me dio mi mamá, me siento recuperada, creo que la fuerza de seguir viva me la dan mis hijos a los que quiero ver libres algún día no muy lejano, y gracias a Dios no le pasé el virus a mi mamá y espero no habérselo pasado a otras personas. 

Aunque es jueves 24, para mí es un día normal, como cualquier otro, hoy fui a lavar y planchar a una casa, porque me he sentido mejor. Creo que el Covid no se me desarrolló con fuerza, gracias a Dios. Hoy me pagaron también otros dos días de la semana pasada que vine medio enferma, con esos tres días ya son 600 córdobas. No sé por qué hoy que me pagaron, me acorde del papá de mis hijos que no lo veo hace tiempo.

El papá de mis hijos se fue con otra mujer desde hace más de cinco años, cuando todavía ellos estaban adolescentes. El ya hizo su vida, cada quien por su lado, ni los ve, ni los oye, ni le interesa, porque no me llama, nunca ha ido a la cárcel a verlos y pues tampoco yo me humillo a buscarlo o llamarlo y decirle lo que está pasando. Mis hijos tampoco me preguntan por él, cuando los visito ellos me dicen que yo soy madre y padre a la vez.

Pero no quiero que mis tres nietas piensen eso de su padre, mi hijo no les ha podido dar lo que necesitan por estar preso. Iré al mercado mañana y les compraré un cariñito a las niñas en nombre de mi hijo Adrián, para irlas a ver mañana, de seguro las niñas esperan hoy su regalo, pero me siento cansada y hay mucho tráfico y peligro hoy en las calles, mejor mañana.

Yo busco cómo ayudarles a mis nietas ahí en lo que puedo, de los 200 córdobas  que gano al día que me buscan para lavar y planchar, más lo que a veces me ayudan para mi hijo, entre veces yo agarro y les llevó a las niñas, porque también ellas necesitan. Las niñas están solas con su madre. (206 córdobas al día es el salario mínimo para el sector servicio en Nicaragua, para un total al mes de 6,189 córdobas, aunque la canasta básica con 53 productos cuesta 15 mil córdobas según el Banco Central

31 de diciembre la pesadilla continúa.

Es el último día del año y la pesadilla sigue. No tengo nada que celebrar, me faltan mis hijos en la casa, ellos me dan la alegría necesaria. Es un gran sufrimiento no tenerlos libres y celebrando conmigo en estas fechas, tengo algo para hacer la cena de despedida de año, pero de que me sirve sola para mí, no tengo ánimos de hacer nada de comida por hoy. Y la visita me toca hasta la otra semana.

Ya son las 6 de la tarde y para colmo las patrullas de la Policía pasan rondando mi   casa. La gente me dice que es por mis hijos, porque quieren tenerme controlada, no entiendo qué buscan ya los tienen presos a los tres, qué más quieren.

El otro día les reclamé y un policía me dijo que ellos llegan donde les da la gana, porque ese es su trabajo, pero una cosa es patrullar y otra es asediar, porque se les nota que lo hacen para provocarme, además aquí no hay ningún peligro, no deberían estar aquí, deberían andar detrás de los ladrones en los buses o adentro de los barrios donde hay borrachos, cerca de las cantinas.

Hoy es uno de esos días en que ando desanimada, menos mal que mi mamá me ayuda, me da mi comida, hoy me regaló para llevarle algo a mis hijos cuando vaya a la visita, porque no tenía, entonces ella me dio ahí unas cositas que llevarles. Yo sólo tengo un hermano que me apoya a veces.

Ya son las nueve de la noche, una cena de despedida de año y solita no tiene sentido, comeré temprano y cerraré mis puertas, dice la vecina que ya vio pasar de nuevo a las patrullas, ni modo, no puedo hacer nada. Es una pesadilla de nunca acabar.

En otros años este día para mí era muy alegre, me reunía con mis tres hijos, mi nuera y mis tres nietas a despedir el año viejo y a celebrar el nuevo. Esta vez no hay nada de eso.

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